13 de marzo 2012 - 00:00

Cristina, certificado PJ y vindicación de La Cámpora

Cristina de Kirchner ayer durante el acto en que defendió a La Cámpora junto a Daniel Scioli y Eduardo «Wado» De Pedro, uno de los dirigentes de la agrupación ultra-K.
Cristina de Kirchner ayer durante el acto en que defendió a La Cámpora junto a Daniel Scioli y Eduardo «Wado» De Pedro, uno de los dirigentes de la agrupación ultra-K.
Cristina de Kirchner verbalizó ayer lo que hace tiempo es el paradigma político de su Gobierno: la centralidad, como núcleo preferencial de militancia y de identidad K, de La Cámpora, agrupación juvenil creada por su esposo y regenteada por su hijo Máximo.

Hasta ahora se trataba de un signo operativo. Dirigentes de ese grupo fueron desperdigados en cargos públicos, ninguno con más rango que subsecretario, pero con presencia masiva en la mayoría de los ministerios y con el control de empresas como Aerolíneas Argentinas.

Ayer, en el Museo del Bicentenario, pasó de un genérico a un nominativo: en otros discursos había elogiado a la juventud o a los jóvenes, pero no se había referido directamente a La Cámpora, como ocurrió durante sus palabras de anoche.

Fue más lejos. Dijo que esa agrupación es «una de las cosas más maravillosas que le han pasado a este proyecto nacional y popular».

Lo hizo para desplegar una férrea defensa de esa agrupación y para retrucar una ráfaga de críticas sobre los modos y la cúpula de ese clan, que reavivó de un libro sobre la historia de la agrupación y la publicación de dos artículos ayer en los diarios Clarín y La Nación.

«Ellos saben a quién desafían: a los que han destruido este país, a los que quieren monopolizar la palabra, la concentración de la economía, la miseria, la desigualdad», destacó en el lanzamiento del Plan Nacional de Igualdad Cultural.

Luego simplificó las críticas. «De la derecha nos dicen que somos marxistas, y los de la presunta izquierda nos dicen que somos de derecha. Yo digo que ese es el certificado perfecto de los peronistas», aseguró y repitió la figura: habló de «peronista consumado hecho y derecho».

Miedos

Desmenuzó, párrafos después, los contenidos y se detuvo en una observación referida a que «muchos de ellos son hijos o familiares de militantes montoneros, los identifica el mismo gen que a sus padres».

El retruque. «Me sonó a Mengele, no me gustó nada». Exploró esa definición al observar que, según el cronista, la trasmisión genética es de la «soberbia». Cristina hizo otra lectura: dijo que es el coraje y hasta consideró un «error de aquellos tiempos» que Montoneros haya «desafiado a Perón».

Fue, en rigor, una defensa retroactiva sobre frecuentes observaciones sobre la agrupación. Cuestionó, como custodia de las formas, que se la califique como una «poderosa organización» al plantear que la cantidad de dirigentes neocamporistas con cargos en el Gobierno es ínfima.

«Tienen 39 cargos de los 21.332 cargos dirigenciales que hay en todo el país», apuntó citando datos sobre la cantidad de diputados, senadores, concejales y funcionarios.

Esa defensa tuvo, sin embargo, una cuota de ironía dirigida al clan juvenil. «Van a tener que laburar un poco más para ser tan poderosos».

En paralelo, aseguró que «el mejor lugar donde pueden estar los jóvenes es en la política».

A ellos, en rigor, les dedicó otro párrafo. «Yo les digo a todos los chicos que no se preocupen por las cosas que les dicen esos centros de emisión de poder que justificaron la dictadura y la represión».

Y agregó: «Dicen que gritan desde el Poder a favor del Poder, pero yo los vi organizarse, trabajar».

La reacción presidencial, que consumió buena parte del discurso, fue un contraataque por notas aparecidas ayer en dos matutinos. Sobre ambos artículos, Cristina de Kirchner emitió calificativos: a la de Clarín la consideró «nazi» y a la de La Nación, con «tufillo antisemita». Más tarde, comparó a uno de los periodistas con Jorge Rafael Videla por decir que «adoctrinan a jóvenes incautos y los intoxican con una falsa épica».

La defensa derivó en otras apreciaciones. Como a Axel Kicillof se lo califica de «marxista», la Presidente dijo que no le pregunta a ningún funcionario cómo piensa o qué ideas tiene: «Sólo les pregunto qué piensan que hay que hacer con la Argentina para que estemos un poco mejor. Esos son los únicos interrogantes que les hago», dijo.

«Los quiero mucho, sigan trabajando y organizándose», dijo, a modo de cierre, Cristina frente a parte de la cúpula neocamporista. Estaban, entre otros, Kicillof, el legislador Juan Cabandié y los diputados Eduardo «Wado» De Pedro y Andrés «Cuervo» Larroque.

No estaban solos. Como se volvió una postal habitual en cada aparición de la Presidente, había militantes de La Cámpora flameando banderas identificarias. Tuvo, en otro tramo, una mención a la rama juvenil del Movimiento Evita, al mencionar que ambos participaron, el domingo, de un homenaje a Héctor Cámpora.

En la valoración, genérica de la juventud, se detuvo también en otro punto: recordó a la Franja Morada y la Coordinadora como espacios juveniles. Mencionó que los apodaban «la patota cultural» o «los jóvenes turcos», «estigmatizándolos porque eran los que, según el relato oficial de los grandes medios de comunicación, querían profundizar las transformaciones e ir para adelante».

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