5 de septiembre 2017 - 00:12

Cristina: del cielo en Merlo al infierno de una posible derrota

Unión Ciudadana pidió ayer apartar a Gendarmería del control de los comicios de octubre, sacar a Alejandro Tullio de su cargo y auditar el software que utiliza INDRA. El fin de un soldado propio. Nuevas relecturas erróneas de la ley de Néstor Kirchner. El kirchnerismo replantea estrategia.

Mesa. Graciana Peñafort, Leopoldo Moreau, Fernando Espinosa y Vanesa Siley ayer en la presentación de Unión Ciudadana.
Mesa. Graciana Peñafort, Leopoldo Moreau, Fernando Espinosa y Vanesa Siley ayer en la presentación de Unión Ciudadana.
Es un clásico del fútbol: denunciar al referí cuando se está perdiendo el partido. Algo así hizo Unidad Ciudadana ayer con una conferencia de prensa donde el kirchnerismo no dejó columna en pie en el sistema electoral, todo un adelanto al temor que despiertan en esa fuerza las primeras mediciones que se van a conociendo para la provincia de Buenos Aires.

El propio protocolo de la conferencia convocada por el kirchnerismo ayer demostró los problemas que enfrenta esa fuerza. En resumen, allí se pidió sacar a la Gendarmería del control de la seguridad de las elecciones y volver a utilizar las Fuerzas Armadas para esa tarea, realizar una auditoría del sistema informático que utiliza la empresa INDRA para la carga y el procesamiento del escrutinio y que se aparte a Alejandro Tullio de su cargo de director electoral en el Correo. Sí, se trata del mismo Tullio que sirvió como director nacional electoral en toda la era K.

La imagen que mostró ayer esa conferencia de prensa del kirchnerismo reconvertido en el sello bonaerense Unidad Ciudadana (bajo la batuta del radical expulsado Leopoldo Moreau acompañado de otras figuras como Fernando Espinoza) atacando al sistema electoral difiere bastante de la que pudo verse el viernes cuando Cristina de Kirchner, moderada y beata, participó en la misa que se celebró en la Iglesia de la Merced en el partido de Merlo para pedir por Santiago Maldonado. Una habla más del estilo de campaña suave y personal que la expresidenta utilizó para las PASO; la segunda, de un temor frente a lo que pueda suceder en octubre.

Frente a esa puesta en escena vale la pena analizar con detenimiento cada cuadro que la compone:

El kirchnerismo sigue manejándose frente a los resultados de las PASO como si se hubiera tratado de la elección definitiva de octubre. Por si el lector no lo recuerda, en las PASO no se distribuye cargo alguno, ni hay competencia entre las fuerzas. Sólo puede realizarse una comparación de la cantidad de votos que suma cada partido porque esas primarias se realizan en forma simultánea. Como es obligatoria, todos los candidatos deben ir a esa compulsa para quedar habilitados hacia la elección general, aunque no tengan competencia dentro de cada alianza. Sólo por eso. Así, Cambiemos en la provincia no le ganó a nadie y Unidad Ciudadana tampoco, porque no compitieron con nadie, sino que sólo fueron a convalidar candidaturas. Aunque no le guste a la política, eso es lo que dice la ley de primarias que hizo votar Néstor Kirchner. Hablar de fraude en esas condiciones parece más que una osadía. En ese tren también pidieron auditar el software de INDRA.

Para insistir en su teoría sobre la carga de datos discrecional por parte del Correo Argentino y la adulteración de actas, el kirchnerismo llegó a incinerar ayer a un hombre propio: Alejandro Tullio; y cargaron sospechas sobre la empresa que se encargó de realizar el escrutinio provisorio desde 1997 incluyendo, obviamente, toda la era Kirchner.

Esa mesa dirigida por Moreau, seguido de la sanjuanina exportada a Santa Cruz Graciana Peñafort, Vanesa Siley, Espinoza y Gerónimo Utarroz para completar el escenario, pidió que Tullio fuera removido de su actual cargo de responsable electoral en el Correo o que renuncie. ¿Cuál fue el pecado de Tullio? Afirmar que no hubo irregularidades en el trámite del escrutinio provisorio de la PASO ni discrecionalidad en la carga de telegramas e información. Es más, afirmó que nada de lo sucedido la noche del 13 de agosto difería de lo sucedido en elecciones anteriores, tal como el periodista Gabriel Morini sostuvo en reiteradas ocasiones en este diario.

Tullio, ahora negado por el kirchnerismo, fue nombrado director nacional electoral por Fernando de la Rúa en 2001 y actuó en el mismo cargo durante los mandatos de Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner. Con Macri, renunció y luego el Gobierno de Cambiemos, apelando a su expertise, lo puso a cargo del área electoral en el Correo.

Moreau pidió también que se releve a la Gendarmería del control de las elecciones y que en su lugar vuelva a poner a las Fuerzas Armadas. Lo justificó en la existencia de un radiograma que circuló entre los gendarmes alertando sobre una "semana de agitación antigubernamental" de la que serían responsables la "izquierda radicalizada y el kirchnerismo". Con ese argumento denunciaron hostilidad por parte de esa fuerza hacia el FpV e imparcialidad. Claro que tuvieron cuidado de aclarar que el tema Maldonado no se había cruzado en esos razonamientos.

Un párrafo extra para completar el color del día. Quedó claro que Moreau representa para el kirchnerismo un comunicador de mayor valía que cualquiera de los dirigentes que integran ese grupo: en campaña siempre es el elegido para hablar. Espinoza, de todas formas, tuvo tiempo para meter un bocadillo: denunció que en Ramos Mejía, La Matanza, una apoderada de Odebrecht figuró como presidenta de mesa. Final.

Dejá tu comentario