Cristina desafía protesta en actos con gobernadores e intendentes

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Las últimas fotos públicas de Cristina de Kirchner antes del cacerolazo del 8-N tendrán un detalle particular: serán con caciques peronistas. La secuencia tendrá un primer turno al mediodía en Ezeiza y el segundo, a media tarde, en la quinta de Olivos.

Pautadas desde la semana pasada, las dos postales reflejarán un giro, apenas germinal, en el universo de alianzas visibles de la Presidente: se mostrará junto a Daniel Scioli y alcaldes del PJ del conurbano y, más tarde, con una ristra de gobernadores cordilleranos.

En Casa Rosada invocan los dos episodios como una señal de tregua de Cristina al peronismo que se suma a la recepción, el 17 de octubre, de intendentes en Balcarce 50, y de las treguas reservadas selladas con Scioli y, un escalón abajo, con el santacruceño Daniel Peralta.

La referencia, inevitable, es a los tiempos de la 125 cuando Néstor Kirchner puso al elenco peronista -gobernadores, intendentes y gremios- como aliado principal durante la guerra con el campo. Cristina de Kirchner, dicen en el Gobierno, parece retomar aquella «línea de acción».

En rigor, el primer indicio fue a mediados de octubre cuando sentó, para sorpresa de muchos ultra K, a dos caciques del PJ rabioso en la mesa de Unidos y Organizados: al intendente de La Matanza, Fernando Espinosa, y al de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde.

Aquellos movimientos se explicaron, por entonces, como un guiño de cercanía con un peronismo sinuoso ante la inminencia de otra gran disputa: la del 7-D por la ley de medios que, paradójicamente, quedó en manos de Martín Sabbatella, un prolífico detractor del PJ bonaerense.

En Ezeiza, este mediodía, desfilará aquella tropa: Scioli y una veintena de jefes comunales donde, de la mano de Alejandro Granados, inaugurará un centro cultural bautizado «Amigo Néstor».

Más tarde, como estampa protolocar de una reunión bilateral argentino-chilena, la Presidente tiene previsto saludar en Olivos a mandatarios cordilleranos de ambos países. El chubutense Martín Buzzi, el jujeño Eduardo Fellner y el puntano Claudio Poggi, entre otros, participarán del besamanos (ver Ámbito Nacional).

Según se anticipó, Cristina de Kirchner permanecerá en la quinta presidencial al momento en que está convocado el cacerolazo.

Hace días en el Gobierno asumen que la marcha convocada para esta tarde será «masiva». Hablan, en algunos despachos, de hasta 300 mil personas movilizadas en todo el país. Es el número que, en realidad, algunos opositores atribuyen al cacerolazo del 13 de septiembre.

Inevitable e irrevocable, el kirchnerismo buscó el atajo más simple para sesgar la concentración: aprovechó una parrafada de Mauricio Macri, quien pidió movilizarse con «una sola bandera, la argentina», para salir a imputarle un cariz partidario a los cacerolazos.

Lo hicieron, por turnos, Juan Manuel Abal Medina y Julio De Vido. El jefe de Gabinete lo acusó de «no gobernar» y le enrostró el problema de la no recolección de basura, que inunda distintas zonas de la Capital Federal.

De Vido quiso jugar más al límite y lo desafió a que «se ponga al frente de la movilización» como candidato presidencial y aproveche para «mostrar sus propuestas». Al rato, un apagón que afectó buena parte de la Capital convirtió al ministro de Planificación en blanco móvil.

Otro exsocio K, Hugo Moyano, eligió un camino distinto: validó el derecho a manifestarse pero se despegó de las versiones que lo hacían figurar como «uno de los convocantes».

«Con el cacerolazo se puede estar de acuerdo o no, pero no se puede dejar de reconocer que es un derecho que tienen los ciudadanos a manifestarse...», dijo el jefe de la CGT Azopardo.

Su hijo, diputado del FpV, sorprendió con otra postura: dijo que comparte «algunas consignas» de la movilización. El clan Moyano fue, durante las marchas chacareras en 2008, uno de los principales grupos movilizados para contrarrestar aquellos encuentros anti-K.

Gerónimo «Momo» Venegas y Luis Barrionuevo, entre otros, blanquearon su apoyo y participación. También la UCR, a través de su presidente Mario Barletta, apoyó los cacerolazos al igual que Francisco de Narváez que planteó como un hecho saludable la movilización.

El titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, argumentó que «los productores» le piden «salir a la calle» por lo que confirmó su presencia mientras que Victoria Donda, de Libres del Sur, dijo que no participará por considerar «inoportuno» que lo hagan dirigentes políticos.

Enfrente, Aníbal Fernández afirmó que detrás de los cacerolazos existe financiamiento de «la extrema derecha (sic)» mientras que Luis DElía alertó que habrá una «diatriba golpista» contra el Gobierno de Cristina de Kirchner.

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