9 de marzo 2015 - 00:12

Cristina, los dos peronismos y la PASO porteña como ensayo

• LA EXPULSIÓN DE UN ORTODOXO Y EL PACTO CON OTROS ORTODOXOS.
• LO QUE PONE A PRUEBA EN LA ELECCIÓN PORTEÑA.

Carlos Zannini, Andrés Rodríguez y Mariano Recalde
Carlos Zannini, Andrés Rodríguez y Mariano Recalde
Carlos Zannini, bisturí de los oficios de Cristina de Kirchner, desplegó su versatilidad: por orden de Olivos, ejecutó a Juan Carlos "Chueco" Mazzón en un intervalo del regodeo pactista con Andrés Rodríguez y Víctor Santa María.

A aquel peronista clásico y ortodoxo lo pasó a degüello y a estos peronistas clásicos y ortodoxos (y gremialistas) los bendijo como mecenas y escuderos de La Cámpora en la lista del FpV porteño. (Ver nota aparte.)

Zannini, delegado plenipotenciario en esos asuntos, aceptó que el jerarca de UPCN ponga cuarto a Claudio Heredia y Santa María anote tercera a Silvia Gottero, pareja de Roberto Digón, en desmedro del sector neocamporista que comanda Juan Cabandié, cuyo candidato quedó cayéndose del pelotón, chico, de "entrables".

Si el caso porteño fuese un espejo del país, el PJ puede dormir sin custodios: en Capital, el armado ultra-K prefirió al peronismo sindical antes que a la progresía urbana, la que profesa su cristinismo a los gritos, pero terminó con boleta bis.

Si pudiese replicar el modelo porteño, donde el peronismo se quedó con tres de los cinco primeros escalones, la cofradía del PJ que añora a Néstor Kirchner agradecerá que Mazzón se haya sacrificado por el partido, le prometerá despacho si gana uno propio, o un CFI si lo hace un opositor o apurarán la sucesión política para que Mauricio, el heredero del clan, inicie la segunda generación de operadores sigilosos.

A Mazzón lo pasaron a retiro por ser el fronting del plan de supervivencia de los intendentes de Mendoza que en malón hicieron valer su territorialidad a la hora de repartir cargos, excluyendo a La Cámpora. La empatía de Mazzón con Scioli es una excusa, en algún punto, accesoria. La prioridad de Cristina de Kirchner, y quedó patentada en la reculada de Julián Domínguez sobre su candidatura a gobernador aliado a Florencio Randazzo, es retener la centralidad en la toma de decisiones. Sobre el mendocino, operador multitarget, cayó el castigo ejemplar para sancionar rebeldías.

La doctrina de la suma de dones K aplica en planos menores. El sábado, Carlos Tomada llamó a Alberto Pérez, el armador y jefe de campaña de Daniel Scioli, y le transmitió el pedido de bajar la boleta naranja.

- Yo bajo la lista, ¿pero vos que me das?

- Mirá Alberto, no estoy en condiciones de ofrecerte nada -murmuró Tomada, ministro K durante más de una década y cabeza de la boleta oficial del FpV, aunque sin margen para vocear ni una promesa peregrina.

Para Scioli, el pedido tuvo aroma a salvación. La boleta de Gustavo Marangoni corría de atrás, y hacerla jugar suelta y perdidosa era un truco incomprensible para un presidenciable. Zannini, en nombre de Cristina de Kirchner, tuvo menos suerte cuando intentó suturar la interna de Nuevo Encuentro, el espacio de Martín Sabbatella, que terminó casi pulverizado y sindicado, por los chispazos entre Carlos Heller y Gabriela Cerruti, como la piedra que impidió un acuerdo grande en el FpV.

En el ajedrez K, el expediente porteño aporta pistas y puede funcionar de ensayo para la aventura de la sucesión. Veamos:

Aunque hay PASO desde 2011 y tanto en aquel año como en 2013 hubo competencias -de papel, como el desafío de Mario Ishii a Scioli por la gobernación, o más entretenidas como la derrota de José Luis Gioja en San Juan-, hasta acá la Presidente ejerció la verticalidad y evitó, en los territorios de alta exposición, disputas y entreveros. En 2011, por caso, hizo caminar a Tomada, Amado Boudou y Daniel Filmus y, al final, optó por su exministro de Educación, y redactó una boleta única en todos los niveles. Lo mismo ocurrió en la provincia de Buenos Aires.

• Con tres listas de legisladores y cinco candidatos a jefe de Gobierno, la primaria porteña es la primera que autoriza Cristina de Kirchner y es, por eso, un dato revelador porque puede ser ensayo y antecedente porque servirá para medir si una PASO interkirchnerista/peronista sirve o no para potenciar al espacio. Es la teoría que, dicen en Gobierno, abona Cristina de Kirchner sobre la presidencial.

En el mismo sentido, la sobreoferta de candidatos porteños y lo poco que hay para repartir pondrá a prueba cuánta diplomacia o cuánta saña despliegan los postulantes en la campaña, lo que serviría de referencia para la nacional. Es decir: si habilitar una PASO es saludable o dañino en términos de disputa pública y mediática. En paralelo, explicitó la interna de entrecasa del neocamporismo -Andrés "Cuervo" Larroque por un lado, Cabandié por otro, Mariano Recalde y "Wado" de Pedro, por otro-, división que florecerá en otros territorios.

• En el mismo sentido, el acuerdo de La Cámpora con el PJ histórico, de Unidad Básica y gremios, expresa no un desprecio al peronismo, sino al peronismo que no acepta compartir los lugares. En Capital dejó correr y apostó a un ordenamiento natural, aunque incidió para que Recalde quede como el candidato. Éste es otro factor a seguir: neocamporista y funcionario, Recalde es señalado como el preferido, pero Cristina de Kirchner, ¿expresará abiertamente su preferencia por el interventor de Aerolíneas Argentinas o será en lo público prescindente? Su conducta puede ser indicativa para determinar si, en la carrera por su sucesión entre Scioli, Randazzo y, entre otros, Sergio Urribarri, la Presidente señalará o no a un heredero.

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