5 de junio 2009 - 00:00

Cristina, más cerca del sueño del auto argentino

Cristina de Kirchner volvió ayer a reflejarse en el espejo del peronismo más puro, el de los primeros tiempos. «Mi sueño es que se llegue alguna vez a fabricar en el país un auto 100% argentino, con todas las autopartes nacionales, con mano de obra argentina», comentó ayer durante su visita a la planta de General Motors en Santa Fe. No es el primer presidente que esconde entre sus ilusiones semejante idea.

En 1952, Juan Domingo Perón fue más allá y puso en marcha lo que por aquel momento muchos creían que sólo podía ser una utopía. Ese año se firmó el decreto que daba nacimiento al Auto Justicialista, un vehículo sobre la base del DKW alemán, que salió de los talleres de la IAME, la Industria Aeronáutica y Mecánica del Estado.

Las restricciones de aquella época habían puesto en jaque el funcionamiento de las fábricas dedicadas a la aviación. La capacidad productiva ociosa y la mano de obra desocupada fueron argumento suficiente para que se propusiera la reconversión fabril para la producción de automóviles.

Así nació un año más tarde una familia de cuatro modelos de producción totalmente nacional que con el golpe del 55 fueron, de a uno, quedando en el recuerdo.

Hoy, más de medio siglo después, la vieja quimera parece reflotarse.

Con el préstamo otorgado ayer a la filial local de General Motors para poder terminar el desarrollo de un nuevo modelo, el Estado comienza a jugar un papel clave en el sector automotor.

Si bien es cierto que se trata de un crédito convencional y no una asociación, también es verdad que existe una garantía hipotecaria sobre la planta santafesina, además de otros compromisos en materia de exportación y stock de autos. Esto quiere decir que en caso de incumplimiento por parte de la compañía -hoy librada a su propia suerte ante la crisis de la casa matriz en EE.UU.-, el Estado se quedaría con una fábrica que, además, es de las más modernas del país.

En ese caso habría dos caminos: buscar un comprador o que el Estado se haga cargo de la producción de vehículos y del mantenimiento de la fuente laboral.

Revisando los pasos que transitó el Gobierno en casos similares, pensar en una empresa automotriz estatal no sería descabellado.

Menos en estos tiempos en los que Hugo Chávez está marcando un camino con su política de nacionalización de empresas y otras medidas que impactan, casualmente, en el sector automotor venezolano. El Gobierno bolivariano, por ejemplo, hace algunos meses decidió congelar la entrega de licencias para importar vehículos, lo que provocó una caída del 58% en la venta de autos. Su propósito es que sólo se vendan en el país autos producidos localmente. Y lo está logrando. Entre los afectados están varias fábricas argentinas que habían encontrado en Venezuela un mercado interesante para exportar ve- hículos y que en lo que va del año no han vendido ni un 0 km hacia ese país.

La intención del Gobierno argentino no llega a tanto. Hoy se limita a apoyar a automotrices en problemas con el propósito de evitar despidos. Por caso, en los próximos días otra terminal recibirá ayuda estatal. Una política que, en épocas de crisis, es sin duda la correcta. Pero que puede ser el comienzo de un largo camino hacia el sueño del auto argentino, Quizá con el acuerdo de ayer se haya dado el primer paso.

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