21 de diciembre 2009 - 00:00

Cristina, rebelde hasta con sus propias reglas

Pese a que Cristina de Kirchner suele vestir faldas y escotes cuando se presenta ante un público en su mayoría masculino, en el festejo por el Día del Camionero sorprendió con un estilo poco  femenino; Para participar de la graduación en el Colegio Militar, Cristina de Kirchner usó un vestido demasiado llamativo y dejó de lado la sobriedad por la que se inclinaba en cada encuentro con militares. Repitió la estridencia en el acto de entrega de viviendas a suboficiales de las Fuerzas Armadas.
Pese a que Cristina de Kirchner suele vestir faldas y escotes cuando se presenta ante un público en su mayoría masculino, en el festejo por el Día del Camionero sorprendió con un estilo poco femenino; Para participar de la graduación en el Colegio Militar, Cristina de Kirchner usó un vestido demasiado llamativo y dejó de lado la sobriedad por la que se inclinaba en cada encuentro con militares. Repitió la estridencia en el acto de entrega de viviendas a suboficiales de las Fuerzas Armadas.
Cambia permanentemente de estilos e intenta crear sus propias reglas en el ajuar. Pero ni siquiera esos códigos que Cristina de Kirchner se impone en su look son inquebrantables. Tanto cambio de ropa en las últimas semanas hizo que el vestuario presidencial se volviera impredecible. Hasta para el más agudo especialista en moda, resulta imposible de definir. Todos sus gustos y tendencias son efímeros y no duran siquiera una temporada en el placard de la dama. Pero últimamente, más que nunca, pareciera intentar rebelarse contra esas costumbres que caracterizaron su indumentaria desde que es Presidente. Fue evidente el quiebre hace unos días en su viaje a Montevideo. Cuando parecía que nunca más iba a despegarse de sus tan preciados stilettos, sorprendió al mostrarse en público en el país vecino con tacones bajos y hasta con zapatillas. Tan sorprendente como el cambio radical que exhibió esta semana en su conducta a la hora de vestir.

Desde que asumió la presidencia, Cristina de Kirchner optaba por mostrarse femenina cada vez que se enfrentaba a un público en su mayoría masculino. Cumbres de presidentes, viajes oficiales, reuniones con empresarios y hasta con gremialistas la impulsaban a elegir lo más femenino de su look para resaltar su condición de mujer, de la cual manifestó estar orgullosa. Entre tantos hombres vestidos de saco y pantalón, la dama aprovechaba esas ocasiones para destacarse por sus faldas y zapatos de taco aguja, y los tonos estridentes de su ropa que combinaba con alguna joya. Pero esa estrategia, que reinaba como ley suprema en su look, parece haber caducado. Para celebrar el Día del Camionero, el lunes pasado, con Hugo Moyano en la cancha de Vélez, rodeada de hombres y escoltada por su marido Néstor Kirchner, dejó la pollera colgada en el guardarropa y se entregó a la comodidad de los pantalones, combinados con un trajecito de saco entallado en gris y una blusa de algodón con estampa del mismo tono. Quizá se puso los pantalones -símbolo de poder y masculinidad- como para enfrentar las críticas que hablaban de la debilidad de su Gobierno frente al líder de la CGT. Como sea, su aburrido vestuario gris se perdió entre las demás camisas, pantalones y las numerosas camperas de cuero (esa prenda se volvió una suerte de símbolo en el ajuar de los sindicalistas que ni siquiera abandonan cuando hay altas temperaturas) que abundaron en el estadio de Liniers.

Un vestuario completamente distinto fue el que usó el martes y el miércoles en el Colegio Militar de la Nación y en el Edificio Libertador. También en ambas oportunidades hubo un quiebre en su tradicional código de vestimenta. Los dos días eligió conjuntos estridentes, de falda, en telas brillosas. Quizás haya pasado inadvertido para quienes no siguen con frecuencia su look, pero por primera vez desde que es mandataria Cristina de Kirchner se animó a usar un atuendo tan llamativo en un encuentro con militares. Siempre prefirió outfits sobrios y hasta el cabello recogido. Sin embargo, esta vez optó por un look femenino, la melena suelta, brillos y accesorios estridentes. De hecho, el conjunto que usó el martes para encabezar la ceremonia de alféreces, guardiamarinas y subtenientes en el Colegio Militar fue el mismo vestido de falda plisada con chaqueta entallada en celeste y azul Francia que había usado en 2006 en Nueva York, cuando acompañó como primera dama a su marido. Ese look al mejor estilo de las protagonistas de serie «Sex and the city» -que despertó críticas en aquella oportunidad por su tela brillosa, poco apropiada para eventos de día- nada tenía que ver con la formalidad que requería el evento y resaltaba entre los trajes blancos y negros de los militares. Igualmente hubo diferencias en la elección de la bijou, ya que esta vez lo completó con perlas en lugar de joyas de oro amarillo como exhibió en la ciudad de los rascacielos. El miércoles en el acto de adjudicación de viviendas a suboficiales de las Fuerzas Armadas prefirió, en cambio, la paleta de los borravinos en un traje brilloso de saco de raso y falda estampada.

Pese a la voluntad de cambio que demuestra la Presidente, el resultado sigue siendo un estilo poco apropiado para una mandataria. Como si estuviera pasando por un período de rebeldía adolescente, Cristina de Kirchner se subleva contra las pautas de vestimenta que ella misma se impuso cuando se convirtió en Presidente. Se resiste a repetirse, pero los cambios por ahora son poco productivos. No exhibe mejoras en su vestuario porque se ocupa de cambios superfluos y reincide en viejos errores. Debería concentrar su ánimo de transformación para depurar los excesos que la caracterizan; de lo contrario, la balanza de su look seguirá siendo negativa.

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