Cristina-Scioli, a solas después de meses

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CLAVES Y SEÑALES (PARA ENTENDER):
• La campaña entra en pausa hasta el martes con Cristina en el Sur y Scioli en Europa. • La novedad de la semana es el encuentro a solas que tuvieron la noche del domingo. • No contarán de qué hablaron -no es lo de ellos hacerlo nunca-, pero hay señales. • Cristina redoblará el ninguneo de los candidatos, acusándolos de que son suplentes de banqueros, empresarios y sindicalistas. • Lo dio a entender al grupo que la acompañó a Paraguay. • Scioli arranca en el tractorcito por municipios. • La división del peronismo, si persiste, le hace arriesgar 2015. • Y un lamento por Gil Lavedra, que se va a la casa.

  • Entró la campaña del oficialismo en la clandestinidad después de una semana de duelo y análisis. Cristina de Kirchner, menos hermética que ante otras crisis, estuvo expansiva ayer en Paraguay, adonde fue con un gobernador emblemático de sus preferencias, Sergio Urribarri (a gritos es el candidato de ella a algún lugar de una fórmula presidencial en 2015) y con otro ganador del domingo (pese a una caída de votos de 25 puntos desde 2009) que fue Gildo Insfrán. Celebró en la intimidad del avión que la llevó junto a Julio De Vido, Héctor Timerman y el senador José Mayans el revuelo que armó con el discurso de Tecnópolis, en donde desafió a discutir con quienes cree son los mandantes de los candidatos de la oposición señalando a banqueros, industriales UIA y sindicalistas, que en este turno han cambiado de querencia. La entusiasmó que los referidos tomasen en serio ese llamado cuando en realidad fue un sarcasmo. Eso la movió a decirles a los viajeros que insistirá en el resto de la campaña en esa descalificación que en literatura, diría Octavio Paz, es un ninguneo: ningunear es hacer de Alguien Ninguno. Es el trato que recibirán los opositores que vencieron al oficialismo en las urnas de esa encuesta que fueron las primarias. Lo que no salió de boca de la Presidente fue un hecho novedoso en la trama del oficialismo: el relato de la larga charla que mantuvo, después de varios meses, a solas con Daniel Scioli en el hotel Intercontinental la noche del domingo.



  • Ella y él lo guardarán bajo siete llaves: nunca han revelado en serio lo que han conversado cuando están a solas. Ese encierro en una habitación del cuartel que montó el kirchnerismo es el hecho que cierra la captura, por parte del gobernador del kirchnerismo, que lo hostigó durante casi diez años en una de las jugadas de póker más largas de la historia chica de la política criolla. Había un antecedente cercano de esa captura que ocurrió en la previa al cierre de las candidaturas, que fue la expulsión del gabinete de Nilda Garré, el ariete más punzante del Gobierno nacional contra él en lo ideológico, que Cristina de Kirchner aportó a ese cierre que construye a este Scioli como dueño del espacio oficialista hacia delante. Vienen ahora horas de silencio. La Presidente se toma la pausa hasta el martes en el Sur y Scioli aprovecha el fin de semana largo para viajar a Europa, también hasta el martes. Antes de partir, sembró la plaza de declaraciones que están en los diarios de ayer, en los que insiste en la necesidad de minimizar el efecto de la primaria con argumentos como que ha sido una encuesta, que la pelea real es en octubre, que no es serio que alguien que gane por un 35% en esa primaria (Sergio Massa) hable ya de una candidatura presidencial. Reflotó, en ayuda de sus argumentos, aquel galicismo que inauguró Adolfo Suárez en 1977 cuando era presidente del Gobierno español. Dijo que había que "desdramatizar" la política, lo mismo que dice ahora Scioli del resultado de las primarias. Lo que vivía entonces Suárez era un drama porque empujaba nada menos que la legalización de los partidos políticos, entre ellos el comunista proscripto por el franquismo al que debía lealtad (aún). Scioli habla de desdramatizar algo serio, el drama del resultado del domingo.



  • En las mesas que animó el gobernador en La Ñata desde ese encuentro a solas con la Presidente transmitió la idea de que coincidieron en una campaña agresiva hacia los candidatos, pero con una costura quirúrgica hacia adentro. La intención nunca escrita de la ley de primarias fue que el oficialismo supiera antes de una elección, a través de las PASO, cuál era el juego no de los adversarios sino de los propios. Después de todo son peronistas que, como dice un ministro de gabinete, son gente que siempre se despide hasta la próxima traición. Del repaso del mapa de resultados que hizo con punteros y asesores esta vez no aparecen grandes traiciones por parte de los intendentes propios -algo que sí puede ocurrir en la elección en serio del 27 de octubre- pero sí bolsones de votos que pueden migrar hacia el massismo después del cataclismo del denarvaísmo, la gran víctima del massazo. Se habló de tractorcito para ilustrar la campaña que emprenderá por los distritos con las necesidades básicas (electorales) insatisfechas.



  • El trajín de la campaña lo tiene que combinar el oficialismo con el verdadero combate a fondo del peronismo del cual el resultado de la primaria -y eventualmente el de la final de octubre- no es la causa, sino la consecuencia. Se trata de la división entre los peronistas sobre cómo enfrentar 2015 con una Presidente que no tiene reelección. El oficialismo, como el macrismo en la Capital Federal, se debate sobre qué hacer con una formación conducida por políticos que han perdido la capacidad de ofrecer futuro a sus seguidores. La caída del voto en provincias, que llegó en algunos casos al 30%, no es tanto por el fracaso de las gestiones desde 2011, sino por la incapacidad de los dirigentes locales de retener el apoyo para sellos que tienen una referencia directa con el peronismo que gobierna a nivel nacional. Esos votos no migran a las oposiciones locales, sino a alternativas cercanas a los oficialismos, que ofrecen opciones con más futuro. El ejemplo extremo es el de San Juan, en donde José Luis Gioja, dueño indiscutible de la plaza, debió ir a una elección referido a una gestión nacional cuya Presidente le levantaba la mano a Daniel Filmus, contradictor de la actividad minera, central en esa provincia, en un distrito que además apoyaba con mayoría de votos en la primaria a Pino Solanas, otro martillo de la minería. No era el mejor ticket para retener apoyos en una primaria en la que el público parece acentuar el testimonialismo de toda elección legislativa, cuando suele aprovechar para tirarse una canita al aire sin el riesgo que impone una elección de cargos ejecutivos.



  • La salida de Massa es un botón de muestra de ese debate dentro del peronismo entre quienes creen que ha llegado el fin del kirchnerismo y que eso puede arrastrar a todo el peronismo, y quienes creen que ese final no compromete al conjunto del peronismo. Massa encarna la primera hipótesis que convence a quienes temen que ese final los encuentre en la vereda equivocada, a los que se suman quienes ya estaban en la disidencia (Felipe Solá, Alberto Fernández, Luis Barrionuevo, Graciela Camaño). Los gobernadores, entre ellos Scioli, creen por ahora lo contrario, que el final del ciclo de kirchnerismo no compromete al peronismo que, después de todo, preexiste al kirchnerismo, y que antes superó el fin del menemismo. Esta división entre dos perspectivas sí compromete al conjunto del oficialismo porque un peronismo partido en dos arriesga la chance de retener el poder en 2015, algo que ya le ocurrió en 1999, cuando pujaron menemismo y duhaldismo. Scioli se quedó con el peronismo que gobierna porque entiende que hay para él más ventajas en quedarse donde está y que con una aventura por fuera del PJ hubiera quedado como el rey de los traidores. Esto es sólo el comienzo porque lo fuerza al gobernador, en la pretensión de sostener su candidatura presidencial, a ir después de octubre tras la unificación de todo el peronismo del país. En el interés de Massa está lo contrario, sostener la construcción de su espacio y mantenerlo sin pensar mucho en el destino de la formación en el próximo turno presidencial. Puede intentar también, con menos tantos que Scioli, esa unificación del peronismo detrás de su plan presidencial. Pero tiene 40 años, puede esperar y decir qué es el pos-kirchnerismo, pero también el postsciolismo. No hay muchos argumentos que lo convenzan de lo contrario y lo asiste su interés, algo difícil de quebrar en un político. Al final todo dependerá de lo que hagan el peronismo nacional, que es un club de gobernadores que elige en cada turno electoral a quien apoyará, confiando que ese vértice que elige le asegure la continuidad en el mantenimiento del poder. En los 90 fue Menem y ahora han sido los Kirchner. Termina el ciclo de los Kirchner y van a buscar quien les asegure eso. Si ellos creen que alguien como Scioli se los puede asegurar, elegirán a Scioli. Si piensan que es Massa, será Massa, si creen que es José Manuel de la Sota será De la Sota, o una mezcla de todos ellos. Ése es el juego que está abierto ahora.



  • Y una rosa para Ricardo Gil Lavedra, diría Ricardo Molinari. El jefe del bloque radical en diputados se quedó afuera de la pelea por la banca porque en la primaria no alcanzó el 22% de los votos que le exigía el reglamento interno de UNEN para entrar en la mezcladora de candidaturas para octubre. Es un caso conmovedor de disciplina partidaria que sólo se entiende en la UCR, partido que puede definirse como una agrupación de gente que no hace ciertas cosas. Los ennoblece, pero trasmite un aire de resignación ante la adversidad que es extraño en la política criolla. Que un jefe de bloque de un partido que tuvo una actuación notable en las primarias (ganaron casi diez provincias, solos o en alianzas) se vaya a la casa sólo ocurre entre gente así. A lo mejor los dignifica. No es algo nuevo. En 2001 Rafael Pascual, presidente de la Cámara de Diputados con un Gobierno radical, tampoco superó las exigencias del reglamento interno para renovar la banca. Pasó del tercer cargo en la sucesión presidencial y de firmar billetes en el Banco Central a la agencia de lotería y prode que tiene en Parque Patricios. Como muchas de las cosas de los radicales, conmovedor.
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