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Críticas al Gobierno y a Macri en el acto por 15 años de la AMIA
La presidente Cristina de Kirchner en el acto por el atentado contra AMIA, rodeada -entre otros- de los ministros Carlos Tomada, Aníbal Fernández y Florencio Randazzo, del presidente de la AMIA, Guillermo Borger, y del rabino de la mutual Shlomo Ben Hamú.
Sin embargo, el marco no fue el de otros años: la postergación de un mes -causada por la gripe porcina- del acto recordatorio por el ataque terrorista contra la AMIA y el largo período transcurrido sin justicia esmeriló el número de concurrentes.
Hay coincidencia en una cifra: cuatro mil personas; también se coincide en que -por primera vez en forma tan notoria- la comunidad judía recordó el duelo casi en soledad, sin la compañía del resto de la sociedad argentina.
Hubo globos negros en señal de luto, canciones en vivo de Juan Carlos Baglietto y Julia Zenko y numerosas adhesiones de las que sólo un puñado fueron leídas. Sin que nadie explicara la razón, el palco -a diferencia de lo que había sucedido en años anteriores- fue ubicado a las puertas del reconstruido edificio de Pasteur 633, mirando hacia la avenida Córdoba.
Sin embargo, la mayor novedad fue la presencia de Cristina de Kirchner, que se ubicó en la primera fila frente al palco. Hubo sólo algunos tímidos silbidos cuando el presidente de la AMIA, Guillermo Borger, la mencionó en su discurso, pero la Presidente parecería haber superado esa prueba autoimpuesta.
Quizás haya festejado en silencio el durísimo ataque que le dedicó Sergio Burstein, representante de los familiares de las víctimas del atentado, a Mauricio Macri por su decisión de nombrar (y confirmar, pese a los pedidos en contrario) al comisario Jorge «Fino» Palacios como jefe de la fuerza policial creada por su Gobierno. A Palacios -a cargo de la investigación del atentado- se lo acusa de haber puesto sobre alerta de que se lo iba a detener al empresario sirio Kanoore Edul, un cargo que aún se trata en sede judicial.
Sin embargo, quienes estaban cerca de la Presidente aseguran que no pudo ocultar algún fastidio cuando Burstein atacó con dureza a Luis DElía y a la jefa del INADI, María José Lubertino; al piquetero por sus dichos proiraníes y por su prédica antijudía; a la funcionaria por su falta de acción (primero) y sus manifestaciones que bordearon el antijudaísmo en ocasión del conflicto en Gaza y los ataques contra entidades y empresarios de la comunidad judía local.
Borger felicitó a la Corte Suprema de Justicia por su fallo del 27 de mayo que tiene como efecto principal rehabilitar parte de la investigación del ex juez Juan José Galeano que había sido anulada en su totalidad por el Tribunal Oral Federal N° 3. «Todos estos años dijimos y sostuvimos que existían pruebas que no habían sido contaminadas por la actuación del ex juez Galeano, que existían pruebas más allá de la nulidad decretada por el Tribunal Oral», dijo Borger.
Agregó que el fiscal y los funcionarios públicos «tienen el poder y el deber ineludible e indiscutible de aportar los recursos, hombres y equipos para que se pueda llegar a la investigación y a un juicio sin ningún tipo de obstáculos».
A su turno, Burstein recordó los hechos que protagonizó a principios de año «el sicario de Irán Luis DElía y distintas organizaciones que pintaron la ciudad con leyendas antijudías y enarbolaron banderas del Hezbollah, la organización terrorista que voló la AMIA. Ese odio a los judíos generó una ola de violencia, con delincuentes armados que produjeron hechos como hacía tiempo no vivíamos».
Agregó que esos actos antisemitas «permanecen impunes por la tardía reacción de Lubertino, quien primero no los reconoció, luego los minimizó y finalmente no tuvo mejor idea que responsabilizar a Israel por lo ocurrido».
En una demostración de que la dirigencia comunitaria y los familiares no están en la misma página, Burstein descalificó el mismo fallo de la Corte que Borger había elogiado minutos antes: «Algunos festejaron esto como si fuera la resolución de la causa, una manera de esconder la mugre bajo la alfombra, con la verdadera intención de ocultar lo que para nosotros es el hecho más terrible y doloroso de corroborar: el juez Galeano y los fiscales Mullen y Barbaccia armaron un complot para acusar con pruebas falsas a los policías de la provincia de Buenos Aires por el atentado a la AMIA».
El acto fue cerrado por una sobreviviente del atentado, cuya voz se quebró en sollozos antes de atinar a pedir un minuto de silencio «porque no estamos escuchando a los muertos». El peor ataque terrorista de la historia argentina provocó la muerte de 85 personas y heridas a más de 300.


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