8 de agosto 2012 - 13:43

CTA cuenta a Cristina plan de reforma y pide subir Ganancias

• Reeleccionistas mañana en Casa Rosada.
• Agenda gremial y sondeos sobre un pack de cambios en los sindicatos

Cristina de Kirchner, ayer en Casa Rosada. Hoy recibirá oficialmente a la CTA de Hugo Yasky, grupo que promociona una reforma constitucional.
Cristina de Kirchner, ayer en Casa Rosada. Hoy recibirá oficialmente a la CTA de Hugo Yasky, grupo que promociona una reforma constitucional.
Selectiva, Cristina de Kirchner abrirá mañana la Casa Rosada a la CTA de Hugo Yasky. Como hizo semanas atrás al convocar al antimoyanismo, la Presidente institucionalizará de facto a la central que conduce el docente por sobre la que comanda el estatal Pablo Micheli.

Ese reparto presidencial de dones y bendiciones potencia el sesgo que el Gobierno, vía Carlos Tomada, planea darle al Consejo del Salario Mínimo: dejar en franca minoría a Hugo Moyano y excluir, como ya lo hizo en 2011, al sector de Micheli. Simple: fumigarlo de díscolos (ver aparte).

Agradecido, el ceteísmo K llegará a la Casa Rosada con un relato sobre la necesidad de una reforma de la Constitución. Yasky y su número dos, Pedro Wasiejko, están en el germen, junto a Luis DElía y Eduardo Sigal, del debate sobre un cambio de la carta magna.

Tienen previsto contarle a Cristina sobre esa aventura, las charlas que tienen pautadas en distintos puntos del interior del país y, si la anfitriona no los corta de cuajo, extenderse sobre la «necesidad» de actualizar la Constitución redactada en 1994.

Es lo que empezó a agitar el Movimiento por una Constitución Emancipadora, idea que recibió un empujón, todavía poco visible, con la propuesta del gobernador de Mendoza Francisco «Paco» Pérez de una reforma en su provincia y que tiene, en voz baja, más promotores.

Lo saben, en detalle, los intendentes del conurbano, como el matancero Fernando Espinoza, que cuando se sientan a negociar obras y planes con funcionarios K se topan con la sugerencia de que Cristina de Kirchner vería bien que planteen la idea de una reelección presidencial.

Ningún alcalde, hasta ahora, se animó a preguntar si se trata de un pedido explícito de la Presidente o sólo es un planteo sui generis, exagerado, de los interlocutores y entornistas. No sería casual que en estos días aparezca un coro de apasionados reeleccionistas.

La CTA Yasky lo hace y lo hará, mañana, ante la Presidente. Tal vez se acople DElía, que, como integrante de la mesa política de esa central, volverá al despacho presidencial sumado a una comitiva integrada, también, por delegados de las distintas franquicias provinciales.

Del tiempo que tenga la Presidente y de la predisposición para escuchar dependerán otras cuestiones que el ceteísmo tiene en carpeta. Veamos:

El pedido, similar al que hacen todas las centrales obreras, de elevar el mínimo del Impuesto a las Ganancias, aunque en este caso lo vestirán como parte de una reforma impositiva. ¿Esperará Cristina de Kirchner hasta la constitución de la CGT filo K, en octubre, para anunciar un cambio en Ganancias o usará la charla de mañana con la CTA para anticipar ese retoque?

Hay una cuestión más de fondo que el grupo Yasky viene bosquejando y mañana le comentará a la Presidente. Tiene que ver con reformas en el modelo sindical a partir de un paquete de leyes referidas a la democracia sindical, bajo el paraguas de siempre de ese grupo: la personería para la CTA pero, sobre todo, la igualdad de condiciones para los gremios no reconocidos.

Es una cuestión que en 2004 Kirchner tuvo a la firma pero que sobre la hora abortó un lobby negociado con la CGT, que incluyó la coronación de Moyano como vértice mayor del triunvirato que compartió con Susana Rueda, de Sanidad, y José Luis Lingeri de OSBA. Yasky confecciona un proyecto de reforma que espera presentar a través de los diputados del kirchnerismo bis Martín Sabbatella (Nuevo Encuentro), Carlos Heller (Partido Solidario) y Gastón Harispe (Octubres).

El ceteísmo advierte que la crisis sindical, que se expresa en la existencia de cinco centrales simultáneas, sería la oportunidad para que el Gobierno avance en una serie de medidas ligadas a la «democracia sindical». Algunas son de carácter operativo, como la disposición que obliga a las empresas a retener la cuota sindical -los gremios no reconocidos no pueden, todavía, aplicar esa retención-, y otra más de fondo, vinculada con los procedimientos electorales en los sindicatos, una cuestión que figura en la letra fría de la ley pero que en la práctica adquiere una naturaleza bien distinta. Sobre esa cuestión, la cúpula de la CTA espera llevarse alguna pista sobre si el Gobierno avalaría o no un avance.

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