Amaneció dura la semana, haciendo estallar en bajas fuertes lo que había resultado una pálida despedida del viernes, donde los mercados alcanzaron a ensayar defensas precarias. Por lo que aquí se supo -bien explayado en la columna del colega de abajo-, el supuesto «milagro» de los bancos, y versiones sobre balances que venían mucho mejor que lo sensatamente imaginable, dejaron ver ciertas fallas en el material utilizado para ello. Lo concreto es que en Wall Street retornaron las corridas, hasta cerrar la primera fecha con un lapidario 3,6% de caída.
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De tal modo quedaba sellada la suerte de los mercados satélite, donde el Bovespa se anotó con recorte de algo más del 3%. Y dejando al Merval clásico como figura de la región, al superar el 5% de derrape en la rueda de la víspera. Esta vez, debiendo asumir el lado oscuro de la presencia del «tanque» Tenaris, que aportó al indicador ponderado un exuberante 7,2% de baja. Acaso la verdad de la rueda fue mucho menos dramática en su porcentual si se mezcla con el otro listado, de solamente especies locales, porque el «M.AR» mostró una huella a sólo la mitad que el otro índice: un soportable 2,5%. Lamentablemente, el que se difunde en todos los medios es el Merval «con petróleo» y así se esparció la imagen de una Bolsa de Buenos Aires desastrosa en su primera entrega. Las diferencias fueron también durísimas, con sólo 6 papeles con aumentos y un total de 42 en caída libre.
Volumen en ritmo de crucero, con sus 33 millones de pesos, por lo cual el vacío se generó de manera esencial por falta notable de interés de la demanda antes que a embestida fuerte y desaforada de las ventas. Lo que se hacía, se concretaba hacia abajo.
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