Los continuos gestos de cariño y complicidad entre ambos dejaron claro que el concierto no fue sólo una de las citas musicales del año, sino también un motivo de alegría personal para dos artistas amigos desde hace más de 50 años.
Argerich, considerada una de las mejores pianistas de la historia, y Barenboim, director de la Ópera Estatal de Berlín y uno de los grandes orgullos musicales de la ciudad, ya habían actuado juntos el año pasado también en la "Philharmonie", aunque entonces con Barenboim en su rol de director. El concierto del sábado, sin embargo, fue el primero desde los años 80 que volvió a sentar a ambos al mismo piano. "La quiero y la admiro desde que tengo siete años", dijo Barenboim hace pocos días sobre su reencuentro con Argerich.
Nacidos en Buenos Aires con sólo un año de diferencia, Argerich (1941) y Barenboim (1942) mantienen una amistad desde la infancia. Esa unión se materializó el sábado a la vez que progresaba el programa en la Filarmónica. Barenboim y Argerich enlazaron sus pianos en la ambiciosa "Sonata en Re mayor para dos pianos", de Wolfang Amadeus Mozart, hasta sonar con una misma voz y una misma respiración. Luego se sentaron codo a codo para desgranar con virtuosismo pasmoso las "Variaciones sobre un tema original para piano a cuatro manos", de Franz Schubert. El programa cerró con una exquisitez: la versión para piano a cuatro manos de "La consagración de la primavera". Sentados en dos pianos, Argerich y Barenboim encarnaron la proyección y la variedad de recursos de la gran orquesta de Stravinsky para plasmar los paisajes hipnóticos y los ritmos rituales de una pieza que cambiaría la música del siglo XX.
El concierto de algo más de dos horas terminó con una estruendosa ovación del público en una Filarmónica a rebosar.
| Agencia DPA |


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