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Cumbre del G-20: Europa quiere mantener medidas anticrisis
Fredrik Reinfeldt
Los representantes de los veintisiete países pactaron ayer, en un consejo informal convocado por la presidencia sueca de la UE, la posición común con la que acudirán a Pittsburgh la semana que viene los socios europeos del G-20. «Somos 27 miembros y una voz coordinada», subrayó el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, al término de la reunión con sus colegas.
A la cita en la localidad estadounidense están convocados por parte europea Alemania, Francia, Reino Unido e Italia y la UE como bloque -todos ellos socios del G-20-, así como España y Holanda, que aunque no forman parten del club ya participaron en las reuniones previas de Washington y Londres.
En primer lugar, los líderes de la UE coincidieron en que aún no es el momento de retirar las medidas de estímulo puestas en marcha para sacar a la economía de la crisis, aunque, para evitar una escalada de los déficit y deuda públicos, consideraron que hace falta una estrategia coordinada para ponerles fin. Reinfeldt recordó que detrás de la actual crisis está el excesivo endeudamiento de las familias y recalcó que la solución no puede ser el sobreendeudamiento de los países.
«Tenemos que volver a unas finanzas públicas saneadas», insistió el primer ministro sueco, que reconoció, no obstante, que la situación de la economía es todavía muy incierta y los riesgos persisten, por lo que la «estrategia de salida» no puede aplicarse todavía.
La otra gran prioridad de los europeos para la cumbre de Pittsburgh es fijar límites a las remuneraciones variables en el sector bancario, conscientes del enojo que provoca en la opinión pública que vuelvan las primas millonarias tras las cuantiosas ayudas públicas concedidas a muchas entidades para evitar su desplome.
Aunque las autoridades estadounidenses ya han hecho constar sus reservas a intervenir en este ámbito, los europeos propondrán al resto de socios del G-20 imponer reglas vinculantes sobre los incentivos en la banca, «respaldadas por la amenaza de sanciones a nivel nacional». Su objetivo es que haya una vinculación clara entre las retribuciones y los resultados a largo plazo.
Para ello, plantean entre otras limitaciones, que los bonus sólo puedan suponer un porcentaje de la remuneración fija o de los beneficios del banco, impedir la ejecución de las opciones sobre acciones, o la venta de las acciones, hasta pasado un plazo, y bloquear el cobro de incentivos en caso de resultados negativos. «Estamos de acuerdo en decir basta», explicó Reinfeldt, que consideró que, tras la decisión de los veintisiete líderes, se puede decir que «la burbuja de los bonus ha reventado».
Por su parte, el presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien tuvo la idea de regular los incentivos en la banca, subrayó que «Europa está unida en un mensaje fuerte: no queremos que esto vuelva a empezar, que el escándalo de las primas continúe».
También el primer ministro británico, Gordon Brown, se mostró comprensivo con los ciudadanos «enojados» por los espectaculares sueldos de los ejecutivos bancarios y aseguró que trabajará para que el G-20 acuerde reglas globales en este ámbito. Otra iniciativa que no logró respaldo ayer fue la apadrinada por la canciller alemana, Ángela Merkel, de promover una nueva tasa sobre las transacciones financieras.
En nombre de la presidencia, Reinfeldt la descartó tajantemente, mientras que Brown incidió en las dificultades para su aplicación práctica.
Agencia EFE

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