- ámbito
- Edición Impresa
Cumbre hoy en bancos centrales: ¿qué harán?
En Gran Bretaña, donde la inflación alcanzó el 4% en marzo, las expectativas de mercado no descartan una suba de tasas antes de que culmine junio. Y aunque se ubican apenas en el 0,5% seguramente el Banco de Inglaterra las defraudará sin padecer menoscabo. La ortodoxia, lo que se dice ortodoxia, quedó confinada a las economías emergentes. Allí sí prendió el injerto y se combate a la inflación con la saña -y los instrumentos convencionales- que Dios manda (son muy pocas, y fáciles de detectar, las deshonrosas excepciones). Nadie puede dudar del empeño del Banco del Pueblo de China en doblegar la lacra de los precios en alza. Aunque, en este caso, el mandato proviene del Partido Comunista.
La semana que pasó fue el turno de la Fed. Bernanke es claro como el agua. La Fed no es el BCE. No lo corren las urgencias. Y aun tras escuchar decir a James Bullard, de la Reserva de Saint Louis, que la Fed podría empezar el endurecimiento monetario antes de fin de año, lo que todo el mundo piensa es que hasta 2012 como mínimo no se forzará el cambio de página. Esta semana le pertenece a Europa. Hoy habrá doble función: BCE y Banco de Inglaterra. El BCE ya rompió fuego en abril. No repetirá en mayo. El suspenso yace en descifrar si la próxima salva tocará en junio. O si será en julio. No son balas de cañón, es munición de arcabuz -la tasa refi pasó del 1% al 1,25%-, pero tiene sentido demorar la recarga. Las fragilidades son evidentes.
El BCE consiguió que Portugal solicitara el salvamento europeo un día antes de gatillar la suba (presionó a los bancos portugueses con recortarles su acceso a redescuentos; lo que se tradujo en el aviso de los bancos a su gobierno de que cesarían la compra de bonos soberanos). El éxito de este primer paso es que no reavivó el reguero del contagio que volteó a Grecia, Irlanda y Portugal. España permanece indemne. Malamente, mas libre del virus de corrida. Que la tasa Euribor haya sobrepasado el 2% en abril le agrava la úlcera de la crisis inmobiliaria. Que la tasa de desempleo se encarame al 21,3% -y los desocupados sumen 4,9 millones- no se compadece tampoco con un cuadro de pronta mejoría. Cuando se discutió la integración, se rechazó la Europa de dos velocidades. Sin embargo, esa realidad dual es la que sembró la crisis. Quien examine los datos recientes de la actividad industrial (el informe Markit PMI de abril) lo advierte patente. La fortaleza está basada en Alemania y Francia. España luce estancada. Grecia se hunde. El BCE reacciona ante el exceso de velocidad de los pocos que marchan a la vanguardia. La inflación de la eurozona, que habría trepado una décima en abril al 2,8%, es un tábano que lo hostiga (la meta oficial es que no supere el 2%). Pero aun así hay señales de que el BCE preferiría no apurar el paso. Entre ellas, una singular referencia de Jean Claude Trichet, su titular, a la conveniencia de un dólar fuerte para los EE.UU. Es que el vigor del euro se ocupa por las suyas de ajustar el cinto de las condiciones monetarias.
El enigma principal no se resolverá en Francfort sino en la sede del Banco de Inglaterra. A comienzos de año, los futuros de tasas de interés marcaban la reunión de mayo como el punto de partida de un endurecimiento. Después se sabría que la economía británica se contrajo el 0,5% en el último cuatrimestre de 2010. Y si bien repuntó otro tanto entre enero y marzo, lo mejor que puede decirse de la actividad es que transita una árida meseta. Las lecturas de inflación son altas -el 4,4% en febrero y el 4% en marzo-, pero a instancias del encarecimiento de la energía y el ajuste de la alícuota del IVA y no por el accionar sostenido de motores de corriente continua.
El crecimiento de los agregados monetarios amplios (+ 0,4%) y del crédito bancario (+2%) es restringido, sin visos de acelerarse. El Banco reconoce que existe «el peligro» de que la inflación eventualmente trepe al 5%, pero la correa de transmisión que podría facilitar el salto, el costo laboral y la negociación de salarios, chirria penosamente al 2,2%. Como sea, el Banco de Inglaterra es un mosaico de opiniones encontradas. Desde junio Andrew Sentance aboga por elevar las tasas de interés. Pretende tensarlas medio punto y que escalen al 1%. En su empeño cuenta con dos laderos, Martin Weale y Spencer Dale, quienes comparten la idea de la suba, aunque de sólo un cuarto de punto. Mervyn King, el titular de la entidad, y los otros cinco miembros del Comité de Política Monetaria defienden el status quo. Uno de ellos, el estadounidense Andrew Posen, favorece además una ampliación del relajamiento cuantitativo a través de la compra de bonos públicos por 50 mil millones de libras. Hoy se reeditará la pulseada. Y vale recordar que King puede perder la votación sin por ello resignar autoridad ni reputación. Será la última reunión a la que asistirá Sentance. De seguro, insistirá. Muy probablemente, sin hallar eco. Quizás con la sorpresa de ver a Weale cambiando de opinión.
Nadie más interesado por estos avatares que los inversores del mercado de monedas. Y, por extensión, si no son los mismos, los que apuestan por las materias primas. Su eje -la debilidad del dólar - surge del arbitraje activo de estas diferentes tesituras de política monetaria. Ello alimenta el gran desvío con respecto a su paridad de poder de compra. Que no haya contagio en Europa sólo echa más leña al fuego.


Dejá tu comentario