La Globo, como la llama cada uno de los brasileños, nació del sueño televisivo del periodista Roberto Marinho, fallecido en 2003 y quien hace medio siglo apostó por extender a la pequeña pantalla la saga iniciada por su padre, Irineu Marinho, que en 1925 había fundado el diario carioca O Globo.
La concesión para la nueva televisión fue otorgada en 1957 por el Gobierno de Juscelino Kubitschek, pero salió al aire el 26 de abril de 1964, un año después de
que en el país se instalara una férrea dictadura militar que se prolongó hasta 1985.
Durante las dos décadas de gobiernos militares, la Globo fue una de las columnas mediáticas de la dictadura, a la que Roberto Marinho apoyó públicamente.
En los primeros años del régimen militar, la Globo entró en un vertiginoso proceso de expansión. En 1968, con apenas cuatro años de existencia, captaba ya un 44,5% de la torta publicitaria nacional, una participación que hoy supera el 60%.
En poco tiempo se convirtió en el primer canal de TV de alcance nacional y pasó a ser un verdadero "poder" paralelo.
En 1969, Globo emitió por primera vez el Jornal Nacional, un noticiero nocturno de alcance nacional que se convirtió en la principal fuente de información de los brasileños y le dio aún más influencia a Marinho.
Una frase atribuida a Tancredo Neves, el primer presidente electo tras la dictadura, que murió en 1984 sin tomar posesión, definió el poder de la Globo: "En Brasil uno puede enojarse con el ministro del Ejército, pero nunca con Roberto Marinho".
A inicios de la década de 1980, Marinho se apartó del régimen y utilizó el poder de la Globo y su imperio mediático para ayudar a recuperar la democracia, lo cual finalmente ocurrió en 1984.
Con los años, Globo reconoció como "errores" tanto el apoyo a la dictadura como el haber minimizado un movimiento cívico que en 1983 exigía elecciones libres y directas.
También admitió que, en el proceso electoral de 1989, editó con la intención de favorecer al candidato Fernando Collor de Mello, a la postre electo presidente, un debate en el que éste se enfrentó con Luiz Inácio Lula da Silva, quien llegaría al poder en 2003.
Sectores de izquierda no perdonan esos hechos y han presionado primero a Lula y luego a Dilma Rousseff para que se imponga en el país una ley que desmonopolice el mercado audiovisual. En la última campaña electoral, el Partido de los Trabajadores hizo suyo ese reclamo, pero las derivaciones del escándalo en Petrobras debilitaron al Gobierno e hicieron que esas iniciativas quedaran en la nada.
Actualmente, la red de TV es la espina dorsal de las Organizaciones Globo, el mayor conglomerado de medios del país, que además es considerado uno de los mayores del mundo e incluye ocho emisoras de radio, seis periódicos, trece revistas y medio centenar de canales en la TV abierta o de pago, entre otros activos.
Edison Lanza, relator para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), recordó la semana pasada que "los Estados deben combatir la concentración indebida de medios de comunicación porque es una violación a la libertad de expresión y a la democracia".
| Agencias EFE y ANSA, y Ámbito Financiero |


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