12 de diciembre 2008 - 00:00

Cupones Bursátiles

Lo primero que se puede pedir a los mercados, como señal de esperanza, es que decidan salir del «cementerio». No es bella, pero muy gráfica, la comparación anglosajona de situar a una tendencia en el cementerio: «porque los que están adentro, no pueden salir. Y los que están afuera, no quieren entrar...». Esto es, se detiene ese flujo esencial y da la sensación de que se asiste a un estado de parálisis. Tan alejadas las contrapartidas, tan obturadas las plazas, tan lentos los movimientos. Y tanta pesadez en los desarrollos. Que la expresión de «mercado pesado» no implica que se esté en posición «floja». Sino que es muy dificultoso para poder transar.
En una palabra, el peor estado de cosas, cuando en el reino de la plena liquidez y negociación febril, las ruedas empiezan a «chirriar». Y, entonces, es cuando se fortalece la imagen del «cementerio»: el no poder salir los que quieren. El no querer entrar los que están afuera. Parece ser que el mecanismo tiende a moverse más, en el mundo, aunque se mantengan los saltos inesperados hacia ambos lados. No aquí. Donde la preocupación por notar que los negocios con acciones se adelgazan, viene teniendo cada vez una muestra más cruda. «Subir sin volumen, es audacia», titulamos comentario sobre la rueda del viernes pasado. Pero, tras el feriado se acrecentó esa sombra de la faltante de órdenes, aunque los precios tendieron a mejorar.
En tanto esto prosiga en esos términos, se tendrán que ganar una por una las ruedas. Y encontrar un tropezón sin advertencias previas. La sola advertencia es ésa: si el volumen no convalida, con expansión, los repuntes del índice, lo que se construya será con bases precarias. En los Estados Unidos, en la comunidad de Wall Street, ya tienden a querer cambiar la actitud negativa. Y hasta se muestran alegres, por novedades que siguen siendo primeros auxilios, todavía a comprobar su eficacia.
El miércoles estaban en el Congreso queriendo sacar el «rescate automotor». Y la Reserva Federal daba el gran campanazo, aunque no oficialmente, de marcar un hito en la historia: emitir deuda propia, en la búsqueda de obtener más recursos.
Si algo delata esta intención es que poco es lo que se esté suturando, se sangra mucho por la herida todavía. Pero, la comunidad bursátil tendió a tomarlo a bien en gran parte de la rueda. Es un cambio.

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