16 de diciembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Las acciones han venido siendo la mejor inversión del mes de diciembre, de una forma silenciosa. Y es lo malo. No hay ruido, no hay eco. Todo queda entre cuatro paredes, rebota en ciertas oficinas de la City y no pasa de la 9 de Julio. Es malo. Y siempre la misma historia que se reitera, la falta de difusión institucional para ver si se le capturan algunos «fieles» a otros canales alternativos. Así como bancos y dólar se encargan de «chuparle» adherentes a lo bursátil en cuanto la ven alicaída. O, también, cuando las acciones cumplen un ciclo virtuoso y esto termina por molestar demasiado a quienes ven que los plazos fijos se pasan a las acciones. O que la gente no quiere bonos, o no le interesa entrar en «la verde».
«Algo de lo que no se habla no ha existido nunca», reza como una lápida esta fuerte apreciación de los antiguos. Y si antes no era el momento, porque el índice venía barranca abajo, parece que tampoco suena la hora de promocionar al mercado cuando ensaya una levantada muy notoria en precios. Pero a la que le falta la apoyatura de las órdenes debidas para sustentar tal repunte. Y no crear «cámaras de aire», que si viene una tónica vendedora puede derribar en un par de ruedas lo que costó semanas poder construir. No hay futuro confiable para un mercado que no sale de la varadura de volumen efectivo. Y así parece que los canales internos lucen «sequía» llamativa, dejando toda la carta a que la oferta se quiera mantener tranquila y viendo cómo evolucionan las cotizaciones, sin agredirlas.
Si hay tal escasez en la médula del negocio, la posibilidad es mostrar a la gente común, y a la que alguna vez transitó por lo bursátil y ahora está casi olvidada, que las acciones resultan el mejor de los activos disponibles si se piensa en ganar y no solamente en mantener o atesorar. La que por espíritu es la más popular de las inversiones, la que además provee de máxima liquidez. La que se ofrece de par en par y atractiva cuando el ciclo está en lo más bajo se ve nuevamente marginada entre la lista de opciones disponibles para poder potenciar un ahorro y transformarlo en suculenta utilidad. ¿Quién lo promociona? Nosotros, desde esta escueta y humilde columna. Algunos más, salpicados en los medios. ¿Y qué hay de una bien estructurada campaña, a nivel masivo? Como la que hacen de modo permanente las entidades bancarias, buscando al cliente y no esperando. La pobreza no es virtud en un mercado.

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