14 de enero 2009 - 00:00

CUPONES BURSÁTILES

  • Con más y más novedades que se suceden, especialmente declaraciones de máximos gobernantes del mundo actual, hasta dan ganas de forjar un nuevo axioma: «La duración de una crisis es inversamente proporcional a la brillantez de quienes la enfrentan». Y si esto fuera así de cierto, lo sabremos con el pasar del tiempo, casi hay para pronosticar un estado de crisis mundial bien dilatado. El saliente gabinete de Bush derramó al estilo racimo miles y miles de millones de dólares. Ahora Obama dice que esto estuvo mal manejado y que no se sabe bien hacia dónde fueron a caer esas lluvias de dólares. Como si estuviera en autos, o sospecha seriamente, que buena parte de esas cifras monstruosas hayan caído en manos de los «vivillos» de siempre. Los que, sí como se hacen fortunas con las guerras, hacen fortunas a través de una crisis. Ahora comienza la nueva administración, con su propio librito bajo el brazo. Obama, soñador como todo el que todavía se maneja con la teoría y que no ha desatado «el paquete», da a entender que habría que ir casi uno por uno. Caso por caso. Un bello sueño que seguramente llevaría años terminar de resolverlo. Pero éstos son los umbrales de la asunción en ciernes, lo que da más para dudar que para entusiasmar. Y nos dicen que en el Parlamento inglés estarían lanzando una prohibición a los medios para utilizar ciertas palabras, como: «caos», «crisis», etcétera. Si a este punto han caído nada menos que los siempre equilibrados ingleses, es como que la esperanza de encontrar talentos para superar la crisis se agota definitivamente. El viejo cuento de «matar al mensajero». La estúpida estratagema de que si a la gente no se le dicen ciertas cosas por su nombre, éstas no existen. La verdad, lector, no lo podemos creer...
    A todo esto, la reapertura de los mercados el lunes fue una orgía macabra de derrumbes de todo tipo. Tanto para los mercados de valores como de mercaderías. Unos arrastrando a los otros, formando una masa apretándose en la pendiente. Todo teñido de rojo intenso y los mercados perdiendo velozmente buena parte de lo tan fácilmente ganado en sus primeras ruedas. Lejos están quedando las primeras tres ruedas, donde el Merval se anotaba con un 12,5% de aumento. A estas alturas ya está luchando por volver a defender la frontera de los 1.000 puntos: un par de rueda como la primera y allí estamos...»
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