2 de febrero 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Hoy se pierde un rasgo. Mañana se deja otro por el camino. Al tiempo, se afloja un tornillo en el sistema. Y detrás de ese primero, se caen varios más... y así. Por eso en las crisis, o en las decadencias, las fechas fijas son a simple gusto del historiador. Puede que exista un detonante identificable, pero la pólvora se fue juntando durante mucho tiempo. Esto, cuando se producen estas explosiones que partieron desde el corazón de la principal economía, donde el detonante pudieron haber sido las hipotecas. Pero, hace tiempo que el sistema les fue fallando, sin que se ajustaran esos tornillos flojos.

Y cuando vemos decadencias, como la de nuestro mercado, el proceso ha sido como el horadar de la gota de agua sobre la piedra. El viernes nos vino a la memoria esa estampa de llegada de balances, la importancia que se les daba. Y todas las ceremonias de lo que constituía, a nuestro entender, una especie de «academia bursátil» ambulante. Sin aulas, ni horarios, ni profesores titulares. Gente que quería defender su inversión de modo racional. Aprendiendo que una acción, no es como una ficha arriba de un paño. Que detrás hay una emisora. Y que las hay de todas las calidades.

Y eso se fue perdiendo. Y al unísono, se iban perdiendo acciones cotizantes. Y después se fueron disipando, desertando, inversores individuales a los que se pretendió suplantar por las aparentes ventajas del institucional.

También se perdieron las ruedas plenas de negociación, con el piso poblado y la calidez de las plazas en vivo. (Tristeza da ver noticieros de canales, que cuando quieren ilustrar una nota sobre lo que sucedió en la Bolsa, apelan a viejas imágenes del recinto con los agentes en total ebullición). ¿Para qué hacerlo? Si con la llegada de las terminales, todo se arregla con menor esfuerzo. Y en estos tiempos, ya sin «baranda» de concurrentes, sin plazas viendo el «arte de la negociación» y no el simple calce de operaciones, sobrevino -implacable- el momento de comprobar que nuestra Bolsa se quedó sin negocios.

Carcaza, edificios huecos, recintos ociosos. Un sistema que se fue vaciando, como si nadie se diera cuenta. Excusas pueden utilizarse muchas. Además de que los sucesivos gobernantes nunca entendieron para qué sirve una Bolsa. O lo entienden, pero lo detestan. Y eso no es excusa, es verdad. Pero, que desde adentro mismo se nos fue yendo la Bolsa entre las manos: también es otra verdad. Y siempre se puede estar un poco peor.

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