Ya a punto de cerrar el primer bimestre, los índices nos están dando cuenta de la realidad que nos rodea y hasta pareciendo asfixiar, todo impulso que se oponga a su dirección de fondo. Además, nos envían otro tipo de información -más trascendente que números, alzas, o bajas- y es que hasta ahora la desesperanza vapulea al optimismo. Con lo cual, no han cambiado para nada las «expectativas racionales» de los individuos. La fuerza capaz de hacer variar un escenario, en función de otro que se implanta. Si la columna anterior hablábamos de los personajes que han salido a la superficie, suponiendo cuánto más pueden llegar a surgir desde la montaña de «basura» financiera y bancaria que todo lo ha tapado, vale también suponer qué cantidad se puede agregar a la colección de fallidos. En este caso, no por haber sido hacedores, responsables del caos, sino solamente por no poder evitar el efecto encadenado que no deja a nadie fuera de su alcance, más tarde o más temprano. Hay, muchas veces, datos que apenas si se ven en un pequeño recuadro de algunos medios, que encierran situaciones que se van tornando en explosivas. De nuestro propio entorno, la estadística que se lleva sobre «cheques rechazados», por falta de fondos, viene creciendo de manera descomunal en estos últimos meses. Lo que lleva a imaginar una «cadena de pagos» que está mellándose y augurando situaciones, como cuando estallara nuestra crisis autóctona de 2001. Tal ingrediente no forma parte de análisis, más preocupados por medir la «macro» y, desde ella, llegar a conclusiones. Pero el día a día de los engranajes de una economía, aquellos datos más pequeños son los que colaboran en hacer más turbulento el camino. Días atrás, salió nuevamente Alan Greenspan, personaje a quien solemos prestarle atención cuando abre la boca. En esta ocasión nos desconcertó bastante, porque no hacía mucho que hablaba de empezar a ver recuperaciones a partir del segundo semestre. Y ahora ha extendido ese pronóstico, plegándose a los que esperan una larga senda de peligros y dificultades. ¿Qué habrá evaluado de nuevo como para borrar lo anterior? Lo cierto es que entró en contradicciones, en corto tiempo, y esto aporta también en contra. A la desesperanza, le suma desconcierto. Porque no hay diagnóstico preciso, ni siquiera aproximado. Y el mundo reacciona detrás de lo que surge, con sorpresa cada vez. Más que saberse algo concreto, solamente se sospecha. Y para combatirlo, se duda. Con dudas, no hay mercado que aguante.
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