10 de marzo 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Cada semana que se inicia en los mercados sigue siendo más causal de temores que de esperanzas. El pasado condena a la tendencia y se justifica que en cada arranque de operaciones la actitud defensiva, la extrema cautela, saquen amplia diferencia sobre lo que pueda lucir como algún rasgo optimista, mucho menos como insinuación de confianza. Y lo que gira en torno a la gente son mensajes que se funden, con distintos matices según los autores, en una expresión común: «Si las medidas dan resultado se podrá ir saliendo a inicios de 2010. De lo contrario, esto puede durar mucho tiempo...».

Por momentos se da el juego de «la frazada corta». Porque se arman baterías de medidas, y dólares, para salvar a los de arriba. Y después, se habla de sacar del pozo a los de abajo, a la gente común que está en problemas. Pero el asunto es que una «frazada» que pueda cubrirlo todo, al mismo tiempo, no parece estar a disposición. Y entonces, no termina de cubrir a ninguna de las puntas. Si se habla de ayudar a los hipotecados, en esos momentos hurgan nuevos nombres de bancos, o de empresas, que poco menos anuncian su liquidación. Si se acude prestamente hacia allí, las estadísticas de desocupados o de familias que irán a remate hacen rebrotar la intención hacia ellos. Y la imagen de «la frazada corta» se instala también sobre los mercados, donde a cada punto de repunte le sucede otro de oferta a mansalva y derribando lo muy precario que se pudo construir.

Y toda la prédica, como la que aquí intentamos, de recordar al inversor que los tiempos de compra son los más duros de una tendencia, la sepulta la vieja reflexión: «Se le puede enseñar a una persona cómo pensar, pero no se le puede enseñar cómo sentir...». Y es evidente que el temor y el impulso le ganan ampliamente a todo argumento que demuestra que el precio de los papeles poco y nada tiene que ver con el valor subyacente. No quedará otra que seguir esperando, por alguna señal «de vida», en las economías que lucen como muertes, y aunque resulten muy lejanas para el oído general: seguro que el mercado la habrá de captar de inmediato. Momento de reiterar que, más allá de todos los que juegan de «gurúes» mediáticos, el único que adelantará con certeza el principio del fin de la crisis será el conjunto de índices de las Bolsas. Que, como siempre ha sido, jugarán al «adelanto» y no se equivocarán. Lo que hasta ahora, obviamente, no sucede, y seguimos llevando la cruz de cada semana.

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