30 de marzo 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Hizo muy bien nuestro colega, de quien nos separa un tabique en los comentarios diarios, recordando -respecto de toda la bulla que se armó con referencia al marzo «mejor de los últimos 22 años», en Wall Street- que: a los mercados no se los discute. Tan valioso como aquella otra reflexión antiquísima, que afirma que lo que está fijado en los paneles de cotización, de todas las acciones, es «el precio». Si no lo fuera, seguramente que habría sido modificado. Tanto por la presencia de vendedores, bajándolo. O de más compradores, colocándolo más arriba. Y a partir de estas leyes de oro, donde no se discute ni mercado, ni precio, aparecen por detrás las diversas opiniones, o las conclusiones.

Siguiendo con nuestro colega, que se especializa en seguir a diario los sucesos de Wall Street, el jueves pasado había destacado que se había generado un «bull market», sin mirar lo esencial. Y dando una serie de temas concretos, por los que todavía se continúa caminando por la cornisa en la economía yanqui. Ya erosionando también un orden natural, una escala de valores, que uno suponía que pertenecían sólo a países de tercer orden, siempre inestables e imprevisibles.

Que se haya disfrutado «del mejor marzo desde hace 22 años» es sólo para los que entraron a fines de febrero. Y resulta ridículo querer dejar en segundo plano, el desastre de más de dos años a esta parte. Cuánto perderá la cultura bursátil norteamericana con la aniquilación de carteras domésticas, que se produjo: será un dato mucho más penoso que la simple lectura de índices. Y se sabrá recién dentro de un tiempo, aunque toda la legión de grupos familiares que lucían con orgullo sus estadísticas es fácil sospechar que estará diezmada. Y bien escaldada, con lo que debieron ver hecho papel picado.

Cualquier agricultor nos dirá que después de una gran inundación, con tierras anegadas durante cierto lapso, la situación no vuelve a su punto de inicio porque las aguas escurran, o se retiren. Se necesitan muchos años, como para que vuelvan a resultar fértiles de nuevo.

Y aquí, en nuestro medio, lo hemos vivido -en lo bursátil- y comprobado después de periódicas «inundaciones» (con el quiebre a pique de un ciclo alcista), donde la base de adherentes al sistema se diluyó, hace tiempo ya.

Un mercado reducido sólo a los grandes, o a los hábiles, donde el inversor real -el de mediano y largo plazo- desaparezca: queda expuesto al golpe corto, permanente.

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