Ya es evidente que no es que uno esté flojo de entendederas; es que los hechos demuestran no encajar unos con otros. Y mucho menos encajan los distintos mensajes y discursos que llegan desde la cúpula del poder mundial, sobre habitantes que lo tienen que escuchar, pero siguen sin comprobarlo. Y tenemos en esta semana dos nuevos tropezones de Wall Street, con onda expansiva hacia todos los demás índices, a caballo de estas dos noticias; que la aspiradora de dinero impreso y regalado, General Motors, podría llegar a declarar su quiebra. Y la mejoría del sistema bancario, al que lo limpiaban de todo el lastre de activos basura que supieron fabricarse, no luce como tal. Ni como se lo quiere presentar a diario, con tal de que el famoso «índice de confianza» rebrote y que a través de él se pueda retornar a una sociedad de consumo.
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Construir sobre cimientos que quedaron demolidos es una aspiración que ya demuestra sus rajaduras a poco de empezar. Y la estrategia -si se le puede llamar así- de hacer llover sopa, gratuita, para que todo vuelva a su estado anterior: no goza de la salud que pretenden inyectar con comunicados optimistas. Y así, más temprano o más tarde, la verdad -como el agua- siempre encuentra su nivel. Ahora también vuelve a fondear al Fondo -lindo choque de palabras-, después de haber sido tan vilipendiado y aborrecido por casi todos los gobernantes. ¿Qué harán desde allí, también repartir golosinas a países y sin tener ningún seguro de repago? Vaya uno a saberlo...
En esta rueda de Jueves Santo volvemos a mirar el partido bursátil desde la tribuna. No volver hasta el lunes, tal como arrancaron las cosas, surge como una buena opción. Poder observar y no arriesgar el pellejo, sacar conclusiones y teniendo cuatro días para recomponer pensamientos y sacar conclusiones. Se hace sumamente pesada la tarea de desentrañar esa madeja de dialéctica y realidad en la que nos han introducido diariamente. Con el bombardeo de información, con señales que aparecen y se pierden de nuevo, con algún repunte que parece dar la razón a ciertas posiciones. Y los porrazos que vuelven a hacer dudar de todo.
En lo que hace a lo nuestro, está claro que no es de lo mejor lo que pueda servir para el aliento. Tiempo ya electoral, país que en lugar de repensar su accionar ante la crisis lo dedica a ocupar una banca. Y todo suelto, a la buena de Dios, donde el Estado dice estar, pero está sólo para sí mismo. Como: a la mala de Dios...
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