Agotado el primer cuatrimestre, y dadas las circunstancias, puede decirse que: hasta aquí, vamos bien. No resulta un lujo, pero aquellos pisos del índice mayor debajo de los 1.000 puntos -sobre finales de 2008- han podido dejarse atrás. Por lo demás, no difiere en mucho la vida de nuestro mercado de lo que resultará antes de la explosión del mundo. Menguado en volumen, dependiente y subordinado a lo que produzca una sola especie acaso el venir mal, pero acostumbrados le quitó al recinto de Buenos Aires el dramatismo con que se vivió la debacle en buena parte de los centros bursátiles. No nos encogimos mucho más, porque ya veníamos encogidos. No se percibió deserción traumática, porque ya era una plaza disecada.
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No tenemos familias por miles que estén llorando el haber perdido casi todos sus ahorros en Bolsa: sencillamente, porque esos últimos llantos se pueden haber oído a lo lejos, y hace tiempo, posiblemente en el fallido boom de 1991/92. Signos vitales que resultaban sumamente alarmantes, en épocas normales, se convirtieron en una buena amortiguación para lo que debía soportarse de la crisis. No es motivo para sentirnos orgullosos; más bien, para estar compungidos, pero sobreviviendo. Curioso estado de cosas de donde estar habituados a la pobreza del sistema resulta un antídoto para no vernos disminuidos ante el derrumbe de los demás.
En este pedazo de la historia, pasamos inadvertidos y siendo solamente uno más de los sufrientes sistemas bursátiles del mundo. La diferencia la veremos después, porque cuando llegue la hora en que los caídos se vayan reincorporando, volveremos a percibir los signos desagradables de quedar a la cola de la mayoría.
Obviamente, si en época de «veranos económicos» los gobiernos han ignorado totalmente el valor de un sistema bursátil en nuestro medio, es inimaginable que pudieran aparecer algunos estímulos para reavivarlo y darle presencia en el mercado de capitales.
Lo singular de eso es que el Gobierno actual, que tuvo el desaire absoluto ante la reunión por el aniversario de la Bolsa de 2008, ha capturado paquetes accionarios de una gran cantidad de sociedades líderes. Y les ha ido inyectando directores de modo implacable después: en virtud de compañías que estaban operando en la oferta pública. Y sobre la base de las AFJP que tomaron sus acciones. El sistema que ignoran -y abominan- les dio una mano. Un goce.