Hay mucha discusión, pero poca solución. Todos los días se pueden ver notas, de todas partes, donde se cuestionan a los participantes del mercado y, en especial, a los que integran la periferia y extraen sus regios premios, sin siquiera arriesgar el pellejo. Son los que denominamos, de un modo elegante, como los que pertenecen a «la industria del mercado». Y mucho más cálido, doméstico, bautizamos a inicios de los 90, como los inquietos «Curro's Brothers». Recomendaciones interesadas, informes que están expresamente realizados para que el inversor incauto, tome decisiones a la inversa de lo que quieren hacer -con sus clientes- los autores de los «papers». En esto no vale excluir siquiera a los millonarios y famosos, que bien podrían ser más nobles una vez llegados a la cima, y cuando surgen ciertos mensajes de tales personajes se desprende un tufillo a trampa abierta, para ver cuántos caen. «Hagan lo que yo digo, pero no lo que yo hago», es el eslogan indeleble que aparece como un sello detrás de esos pretendidos pronósticos, acerca del destino que se aproxima en la tendencia.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Ni las «consultoras» puestas en la picota -porque son jueces y parte, al realizar calificaciones-, ni los aventureros de casas de inversión. Y mucho menos los vergonzosos banqueros, que armaron el desastre y dejaron que «la gilada» siga creyendo que fue culpa de las Bolsas (algo a lo que Obama contribuyó bastante con las amonestaciones improcedentes, mientras seguía llenando de dinero a los quebrados bancos).
Nada está cambiando, no ya de raíz, ni siquiera se lo advierte en superficie. Todo es una búsqueda de que pase el mal trago y que las economías se vuelvan a trepar a la rueda de la abundancia. Y de los negocios sin límites y sin castigos.
Lo interno preocupa de modo inquietante, pero también habitual. Cualquier inversor y operador autóctono, sabe que trabajar o invertir en nuestro medio -siempre- resulta como hacer negocios sobre la cubierta del Titanic. Mucho más preocupante, porque es la madre de los ciclos globales, es observar un capitalismo que se quiere reproducir a través de sus «células malas», en lugar de aplicar los rayos para eliminarlas. Y lo del «nuevo capitalismo», quedó como una expresión que ya ni se repite, solamente fraguada en medio de la crisis y como para prometer lo que no habrá de llegar. Sigue siendo una evolución bursátil, en medio del escepticismo.
Dejá tu comentario