17 de junio 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Sube la tensión. Se percibe en el aire y más que la pandemia de la gripe. Como que se estuviera acumulando al clásico estilo de las «burbujas» en los mercados, pero en este caso bastante más preocupante: en el seno de la sociedad.

A veces uno se siente como en las películas de suspenso y cuando en medio de una calma absoluta, el protagonista dice: «Este silencio es lo que me preocupa...».

Curiosamente, se llega a la fecha donde el campeonato de fútbol es capaz de decidirse en su culminación.

Una instancia que tiene perfil de final -un exquisito juego del destino, casi como el bursátil, cruzando a los que definen justo sobre la raya- y que cuando faltan un par de días, todos los jugadores declaran: «Quisiera que se jugara hoy mismo».

Y al unísono se estará disputando el match de los políticos, pero los días que faltan dan para que uno diga también: «Ojalá fuera mañana mismo». Al menos, para evitarnos todos la avalancha de agresiones cruzadas, de insultos de baja ralea, de despellejarse sin piedad entre los postulantes. Porque o mucho nos equivocamos o todavía falta oír y leer lo peor: en la semana más cercana, la próxima.

Se puede pertenecer a cualquier escuela para moverse en la Bolsa. Jugarse a una dirección o a la otra, en la tendencia. Pero sin caer en el «pecado capital» -que a tantos arruinó- de suponer que lo bursátil tiene vida propia, independiente, como si se tratara de una isla.

Los mandatos que vayan a provenir de lo político, y de allí a lo económico, deberán marcar el terreno del segundo semestre. Y no sabemos el lector, pero a nosotros nos gustaría estar ya del otro lado del 28.

Poder tener las cartas boca arriba y -una vez más- asumir el nuevo escenario que emane del juego de las posibilidades. El corto tiempo que falta es una zona «muerta» para todo análisis que quiera trascender del acto electoral.

Puede que el mercado nos siga asombrando, sin hacer ninguna mueca notoria hasta dejarnos arribar a la hora de la verdad en las urnas. Pero lo que nos demuestre antes lo mostrará después y dejando salir la presión contenida.

Son pocas ruedas las que faltan, pero cada una se impregna más del aire «cargado». Que al recinto le ingresa por todos los poros y coloca a los operadores en el difícil trance de: decidir.