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Cupones Bursátiles
Alguien de la redacción nos advirtió que consumiendo material a diario, la sección se vería agotada en menos de un mes. Y todavía... aquí estamos. Hoy, todo se realiza mediante simples «asientos contables» -a través de la Caja de Valores- y las preciosas láminas, con sus cupones, han quedado como piezas históricas. Tampoco quedó aquella Bolsa. Lo de ahora es un juego por terminales informáticas, llevándose consigo el jubiloso canto del recinto, con sus plazas de agentes a todo pulmón. Y el público, que bordeaba las demostraciones del «arte de operar» en plena competencia «face to face». Mucho hay para hablar, acerca de qué método resulta el más afín al verdadero espíritu de una Bolsa, o si lo mejor era la convivencia de un sistema y el otro.
Pero volvemos al punto inicial y para agregar que la columna fue pensada para que en ella ingresaran «cupones» de toda índole. Y, en especial, los que sin haberse forjado expresamente para lo bursátil enriquecieran un virtual modo de entender la inversión. Hace un tiempo que no hallábamos «perlas» como las que estaban dentro del reportaje que le hizo Patricia Espinosa al talentoso Pepe Cibrián, en Ámbito Financiero del lunes, y a ello vamos...
Según refiere Cibrián, su madre -Ana María Campoy- le aconsejaba: «Estar en la cresta de la ola es un error grave. Hay que ser ola. Entonces, se sube y se baja sin que sea una catástrofe...». Bellísimo. Utilísimo para el inversor o para el profesional bursátil, sin tener que explicarlo para nada. Simple y sabia medida. Y el mismo Cibrián, en medio de la moda del «divismo» mediático, resalta: «El artista en serio pone el divismo en el escenario. El único lugar en el que hay que ser divo...» Los mercados, también en esta época de la información inmediata y global, se ven saturados de videntes, gurús, genios virtuales. Divos en el texto. No se sabe si lo son en los negocios.


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