En el fin de semana, en dos programas periodísticos distintos -del mismo día- nos quedamos viendo y escuchando a dos personajes de relevancia de nuestra actual economía. Uno, el ministro de Economía -Amado Boudou-; el otro, titular de la Fiat en la Argentina -Cristiano Rattazzi- y los dos respondiendo cuestionarios acerca de la hora en que vivimos, proyecciones, apreciaciones de fondo sobre tópicos diversos. La conclusión es que Rattazzi parecía ser el ministro de Economía, con una verba precisa sobre cada tema. Fluida, atractiva en el modo de exponer y explicar, donde los conceptos poseían todos una base coherente y cada apreciación estaba fuertemente sustentada. Haciendo un paralelo entre la Argentina y el mundo, recorriendo en una síntesis todos los pasajes de nuestra decadencia, en comparación con otros países y con nuestros vecinos. El otro, Boudou, balbuceando respuestas, eludiendo la contestación directa sobre los asuntos más importantes, saliendo por los costados y cayendo en generalidades y expresiones de deseos. Todo ello, respaldado en una monótona retórica y más aplicado a dar perfiles de «galán» de la economía que a perfil de funcionario de máximo nivel. Los dos estaban hablando sobre lo mismo, los problemas de nuestra actualidad económica, pero con la sensación de estar con los roles invertidos. Uno estaba en una punta, el otro se situaba en el ángulo opuesto. Y, de última, también apareció Domingo Cavallo, saliendo de su hábitat natural para lanzar utópicas propuestas acerca de la conformación política del Gobierno. Intentando aleaciones entre enemigos declarados que -en la práctica- no podrían durar más que unos días ejerciendo el poder.
Cuando un simple inversor bursátil intenta desentrañar parte de la bruma que nos cubre, buscando la claridad a través de lo que dicen personajes de cierto peso en nuestra sociedad, puede que tropiece con estas sorpresas, que le harán mucho más difícil el panorama y la decisión. Y así está de perdida la brújula que nos guíe, en la caravana de naciones que procuran subir en el ranking de merecimientos. Donde -al menos, a nosotros- nos pareció mucho más sensato el discurrir del titular de una automotriz que un ministro de Economía. Y quedando desconcertados frente a un hombre que habiendo sido figura central en dos gobiernos desde lo económico, termina por diseñar propuestas políticas disparatadas. (Y así y todo, ver que la Bolsa sube.)
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