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Cupones Bursátiles
El aleteo en Asia volteó en fila india a todo lo de Wall Street, siguió por Europa y estalló en el Mercosur.
Nuestros indicadores se quedaron dentro del hangar, sin tener que salir a rodar durante el lunes, solamente acumularon adrenalina en bidones: el combustible que iría a surtir los motores de la rueda del martes. Y esa dura vigilia cortando clavos, rogando por un rebote inmediato de los demás: o tener que soportar la doble carga de desagiar lo del lunes, más lo que pudiera aparecer en fecha siguiente.
Jornadas funestas las que acumulan fuerzas de un solo lado, como en fechas así y donde se estuvo ausente mientras los otros acusaban fuertes pérdidas.
Nos despegamos de lo sucedido luego, para quedarnos con la impresión de que rescatamos al inicio de esta columna. Nada está asegurado para decir que los mercados no sufrirán de más reacomodamientos, nuevas fracturas y mayor desorden todavía. Creer inocentemente en los mensajes optimistas, interesados, es entregarse mansamente a pesar terreno movedizo: imaginando que es suelo asegurado. Y puede resultar una aventura peligrosa, que el susto dado el lunes desde Asia ratifica plenamente.
Los castillos bursátiles se pueden derrumbar en una semana, pero cuesta años a veces volver a reconstruirlos. Y es lo que no debe olvidarse.


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