19 de agosto 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

La corteza bursátil del mundo todavía está lejos de poder llamarse: asentada. Las placas se continúan reacomodando y la fractura que se generó hace un par de años resulta todo lo grave que se pudo estimar desde los inicios. Pero que, después, se fue tratando de cubrir de mensajes tan apresurados para que los gobiernos pudieran colocar la bandera de: «Todo ya pasó». Y no pasó. El inicio semanal, donde los operadores de Buenos Aires estaban disfrutando del feriado largo, trajo datos de movimientos sísmicos importantes en zona que no estaba dentro de lo más presumible. Trascendió la simple «toma de utilidad» el derrape de los asiáticos, por más que la Bolsa de Shanghai y su estupendo recorrido del año dieran para ello. Pero resulta que otros colegas regionales no vienen en la misma cómoda situación de ganancias, e igualmente recibieron el cimbronazo. Asia, como región de Bolsa, sufrió un movimiento de proporciones y en lo que pudiera ser escala bursátil de «1» a «10», no menos de «7». A través de ello se pudo volver a testear el «efecto mariposa», que hace a todos los mercados componentes de una misma familia.

El aleteo en Asia volteó en fila india a todo lo de Wall Street, siguió por Europa y estalló en el Mercosur.

Nuestros indicadores se quedaron dentro del hangar, sin tener que salir a rodar durante el lunes, solamente acumularon adrenalina en bidones: el combustible que iría a surtir los motores de la rueda del martes. Y esa dura vigilia cortando clavos, rogando por un rebote inmediato de los demás: o tener que soportar la doble carga de desagiar lo del lunes, más lo que pudiera aparecer en fecha siguiente.

Jornadas funestas las que acumulan fuerzas de un solo lado, como en fechas así y donde se estuvo ausente mientras los otros acusaban fuertes pérdidas.

Nos despegamos de lo sucedido luego, para quedarnos con la impresión de que rescatamos al inicio de esta columna. Nada está asegurado para decir que los mercados no sufrirán de más reacomodamientos, nuevas fracturas y mayor desorden todavía. Creer inocentemente en los mensajes optimistas, interesados, es entregarse mansamente a pesar terreno movedizo: imaginando que es suelo asegurado. Y puede resultar una aventura peligrosa, que el susto dado el lunes desde Asia ratifica plenamente.

Los castillos bursátiles se pueden derrumbar en una semana, pero cuesta años a veces volver a reconstruirlos. Y es lo que no debe olvidarse.

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