24 de agosto 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

 «En un mundo de locos, ser cuerdo es una locura...», contiene bastante más materia que lo que solamente suena a una frase ingeniosa. Acaso, hasta encierre un consejo para la hora actual de los mercados que si se los quiere medir y analizar bajo los cánones de la ortodoxia y el raciocinio, puede dejar fuera de foco al que lo aplique. Vemos llegar de todas partes novedades que tienen todo el condimento de las negativas, el envoltorio de las preocupantes y se las recicla como si resultaran proteínas, para darle sustento al alza de precios.

De lo que es el contexto interno, mejor ni desmenuzarlo, donde se apilan mensajes y disposiciones que siguen el derrotero anterior a las elecciones. Y muchas de ellas, volviendo a querer falsear las simples leyes de la economía. Aunque las consecuencias sean inevitables, da la impresión de que es un método para ganarle al tiempo y que muchas de las consecuencias exploten más allá del período de vigencia de los impulsores actuales.

El jolgorio producido con los bonos que irán al nuevo «canje» es buena muestra de todo esto. Desprenderse de los que ajustan por inflación para recibir otros que caminen con una tasa de referencia es como bajarse de un ascensor y subir por la escalera. Pero, se sabe lo que viene sucediendo con la emisión original, donde ya nadie osa protestar por la falsedad mensual que emite el INDEC y tomarán lo que les ofrece el Gobierno. Esos nuevos bonos son para que estallen más adelante y el que venga que se las arregle. Pero se extrae de «positivo» que descomprime compromisos inmediatos. Y hasta aparece cierta sensación de alegría, como si se los estuviera cancelando y no la «alquimia» de cambiar un papel-basura por otro de igual perfil.

Dice el sonriente ministro de Economía que esto va despejando el camino para reconstruir un puente con el FMI. Aunque aclarando que «no se admitirán condiciones...».

Da que pensar la extraordinaria dosis de suerte que vino acompañando a la Nación, sin honrar compromisos, rompiendo contratos a gusto y placer, jugando a irse a pura voluntad y según sea su única conveniencia. Un deudor patoteando acreedores, sin que del mundo le hayan aplicado correctivos.

Un deudor que repugna obligaciones cuando se siente apretado y las repactaciones -o los canjes- los tira sobre la mesa con plena soberbia. En medio de un país que tiene flojas las clavijas por todos lados, el mercado sigue bien. No para cuerdos.

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