9 de septiembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras cada uno, con un principio selectivo, debe proseguir leyendo los artículos y trabajos que fluyen en el mundo, la finalidad es una sola y vital: tratar de elaborar un propio «árbol de decisión», ante el escenario dudoso que se ofrece. Detenida la zona de inclemencia y lluvia copiosa en la crisis, periódicamente se descarga un nuevo chaparrón. O surgen semanas de lloviznas continuas, fastidiosas, que ponen al suelo resbala-dizo. Y lo que todavía permanece sobre las economías -y los mercados- es un cielo cubierto de nubes.

Los vientos no han conseguido soplar con fuerza, para disipar la tormenta y asegurar que se está en el buen tiempo. Cuando se toma contacto con escritos provenientes de manos serias -que no es lo más abundante- y se desecha aquello que es solamente el afán por ganar espacio y construirse una «imagen», se advierte que los temores persisten y el espectro de la fatal recaída: está presente.

Bien lo sintetiza Paul Samuelson -un Nobel de 1970- en nota publicada por Clarín el pasado domingo: «El realismo me obliga -dice- a señalar que no hay desenlaces seguros. Hoy, como siempre, hay opciones dolorosas que son inevitables...». Pocas palabras, directas, sin la pretensión de lanzar un gran pronóstico.

Con la valiosa humildad de los que saben a qué tipo de problemática se enfrentan: expone la situación original, describe los efectos de las medias tomadas, enumera los peligros que siguen acechando. Y alerta acerca de que el desenlace no está para jugarse a un resultado probable. En esencia, no aflojar el cuerpo, mantenerse en posición de cautela y no arriesgar más de la cuenta.

Queda siempre en manos del inversor ser el arquitecto de su destino; no es apropiado recostarse sobre la opinión de otros: aunque se deban acumular opiniones, para tamizarlas y arribar a una conclusión. En el escenario local, el lunes hemos tenido otra muestra de la escasa energía que concentra un mercado de rótulo «fronterizo».

Ante el feriado exterior, solamente $ 17 millones de efectivo atravesando las plazas accionarias. Oportunidad para darle un «toque» alcista al índice, aunque con carencia de respaldo en los negocios. En lo resumido de su marco, un ejercicio donde -seguramente- se extraen más «mieles» de las imaginadas. Saborearlas, sin gula, es buena actitud.

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