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Cupones bursátiles
Los vientos no han conseguido soplar con fuerza, para disipar la tormenta y asegurar que se está en el buen tiempo. Cuando se toma contacto con escritos provenientes de manos serias -que no es lo más abundante- y se desecha aquello que es solamente el afán por ganar espacio y construirse una «imagen», se advierte que los temores persisten y el espectro de la fatal recaída: está presente.
Bien lo sintetiza Paul Samuelson -un Nobel de 1970- en nota publicada por Clarín el pasado domingo: «El realismo me obliga -dice- a señalar que no hay desenlaces seguros. Hoy, como siempre, hay opciones dolorosas que son inevitables...». Pocas palabras, directas, sin la pretensión de lanzar un gran pronóstico.
Con la valiosa humildad de los que saben a qué tipo de problemática se enfrentan: expone la situación original, describe los efectos de las medias tomadas, enumera los peligros que siguen acechando. Y alerta acerca de que el desenlace no está para jugarse a un resultado probable. En esencia, no aflojar el cuerpo, mantenerse en posición de cautela y no arriesgar más de la cuenta.
Queda siempre en manos del inversor ser el arquitecto de su destino; no es apropiado recostarse sobre la opinión de otros: aunque se deban acumular opiniones, para tamizarlas y arribar a una conclusión. En el escenario local, el lunes hemos tenido otra muestra de la escasa energía que concentra un mercado de rótulo «fronterizo».
Ante el feriado exterior, solamente $ 17 millones de efectivo atravesando las plazas accionarias. Oportunidad para darle un «toque» alcista al índice, aunque con carencia de respaldo en los negocios. En lo resumido de su marco, un ejercicio donde -seguramente- se extraen más «mieles» de las imaginadas. Saborearlas, sin gula, es buena actitud.


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