11 de septiembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

 Adelmo Gabbi, presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, resultó elegido para presidir la Federación Iberoamericana de Bolsas (FIAB), en un foro de entidades que se reunió en Lima, Perú, hace unos días. Junto a Brasil, México, Chile, Venezuela y Ecuador, también es integrante la Bolsa de Barcelona (su representante fue elegido como vicepresidente, en el mismo acto). Un reconocimiento, importante, desde lo institucional y para el mercado argentino, y que viene a completar una imagen de evolución de mercado, que continúa ofreciendo la Bolsa local. Ubicada a lo largo de casi todo el año, como una de las líderes del mundo: en punto a mejoramientos de precios de sus títulos. Logrando semejante recorrido, aunque la carencia de volumen de transacciones también ha seguido sin modificaciones. Curioso año el que corre, donde teniendo que pasear el desagradable rótulo de «país fronterizo», para las inversiones, que nos sitúa en el fondo del ranking: se ve -por otra parte- gratificado el ámbito bursátil local. Tanto por la magnífica evolución de su índice de cotizaciones, como ahora viendo que el representante de Buenos Aires presidirá la organización iberoamericana.

En el mundo se están sumando opiniones de personajes de gran peso, desconfiando de la pretendida salida de la crisis. Y se amplía la brecha entre lo que ofrecen los mercados de riesgo, sus cotizaciones, con tales opiniones y muchas variables de las economías.

Greenspan agregó otro condimento, al puntualizar que «el mundo sufrirá otra crisis financiera internacional, que será muy diferente a la registrada en los últimos meses...». Y en la sustancia del pensamiento comentado, no da importancia esencial al vehículo de que se trate, sino a la «propia naturaleza humana». Un punto de vista que es para desmenuzarlo, que da para polemizar, y acaso lo tratemos por separado. Pero hoy el acento lo queremos dejar en lo anterior: cómo es que existe un pasar más que saludable para muchos mercados, cuando se acumula cada vez más la impresión de que las economías, y la crisis, no está para nada a salvo.

La evolución nuevamente del oro, la debilidad de la moneda líder, el dinero barato que fluye y la seguridad de que seguirá fluyendo, probablemente aliente más ir al amparo de los activos tangibles que quedarse con moneda «mala» en los bolsillos. Los contrastes están a la orden del día, entre lo que no debiera ser y lo que es.

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