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Cupones bursátiles
Esta es una tradicional manía de los historiadores, de todas las épocas, en encontrar un nombre, un detonante bien determinado a quien pasarle la gran factura. Esto también retrata el modo, que comenzó siendo de exagerada tragedia (recuerde el lector cuando se comparaba a esta crisis con la mucho más terrible de 1930 y en la que la verdadera hambruna asolaba al mundo). Y a medida que pasaron los meses se fue olvidando el análisis -y los remedios para purificar el capitalismo- crudo y profundo, para terminar en lo superficial de fijarle una fecha, y un explosivo, a la que habrá que acostumbrarse a ver repetida todos los años.
Dentro de unos cuantos años, nuevas generaciones de estudiantes es posible que se queden con la imagen de que esta crisis monumental se podía haber evitado salvando a una gran entidad a la que se dejó caer. «Los que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo...», dice una vieja máxima. Agregaríamos que los que no se dedican a revisarlo -y purgarlo- acaso estén condenados a repetirlo, casi de inmediato. Se ha venido hablando de medidas, de regulaciones, de suprimir los fastuosos «bonus», pero la corporación de banqueros ha encontrado fuerzas para rearmarse. Y hasta para discutir y comenzar a oponerse a reglas que les quieran incorporar. Cuando, en verdad, deberían estar de cabeza gacha y afrontando juicios públicos. Los «Curros Brothers» atacan de nuevo: mejor cuidarse.


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