29 de septiembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Por ahora, cada instante donde en los mercados amanecen las dudas, rápidamente consiguen ser borradas para proseguir con el curso extrañamente suculento, que se trae en el año. Lo que sí puede remarcarse es que: esos momentos de catalepsia, resultan ser más frecuentes.

La promocionada reunión de un surtido «G-20», solamente dejó más vaguedades que hechos concretos y quedó la impresión general de que no se habrá de asistir a la purificación profunda, que el capitalismo maltratado por siniestros métodos y personajes, parecía estar pidiendo a gritos. Lo que cabe aguardar, entonces, es un montaje de distinta forma -aunque de igual fondo- que penda sobre las economías: para generar otra zona de crisis.

El dinero barato y la falta de alternativas es posible que sigan jugando a lo bursátil. Pero, un curso que no realice detenciones y depuraciones de cierta magnitud: termina después por generar un sesgo bajista grotesco, donde el mercado aplica los correctivos que los operadores no saben -o no quieren- aplicar por su propia mano. No es posible desestimar que todavía se deberán sufrir heridas sobre los estados de las compañías emisoras de las acciones que, tan lujosamente, se han visto revaluadas.

En nuestro medio, ni los balances conocidos -por junio- y casi seguramente tampoco los que se cierran en setiembre, podrán dar respuestas satisfactorias y acordes con lo que el «precio de mercado» tiende a demostrar. Las que se defienden en la zona superior de cuadro, se ven castigadas por la zona inferior y el choque entre lo operativo y lo financiero es un lugar común.

Los párrafos que se leen sobre «perspectivas», donde los directorios tratan de dar una idea sobre el camino siguiente, no contienen señales de optimismo para lo inmediato. Cuando mucho, la idea de que el trimestre que sigue tendrá, más o menos, el mismo contexto. O bien, que no se perciben señales confiables sobre un repunte en cada sector en que pertenecen.

Entramos en un período del ejercicio donde se han acumulado regias diferencias de mercado, a pesar de las turbulencias de las economías exteriores y local. Lo que impone una cuota creciente de cautela, que deje de tratar a los títulos como simples instrumentos de juego. Hora de revisar la relación de precios y valores, como en el valle del 2008: pero ahora, habitando la cumbre.

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