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Cupones bursátiles
¿Cómo encontrar un eslabón entre ambos hechos, descollantes y opuestos? Por otra parte, siempre vive el ambiente local de supuestas «acciones importantes» que ya van a llegar. Y la realidad demuestra que en cada ejercicio se producen nuevos huecos, para colmo, de aquellos que constituyen la sangre tradicional de las líderes enlistadas. No hace mucho que partió Acindar rumbo a la oscuridad de la empresa «cerrada», otra clásica de nuestros paneles. Si hay algo que une a las dos, es que ambas pasaron a ser de grupo de control de origen extranjero. (Y con fuertes intereses en el vecino Brasil.)
Porque alguna nueva se integre, ni por asomo podrá decirse que ocupan el lugar que dejan Acindar y Alpargatas: porque la trayectoria y el perfil de acciones con tradición no tienen que ver con rubros o con envergaduras.
La pregunta que siempre nos hacemos -desde hace décadas- es el porqué de la permanente deserción de la Bolsa local. Y el constante retroceder, en empresas listadas que posean algún realce y representen con propiedad a nuestro sistema. Y la respuesta viene siendo siempre la misma: porque cotizar aquí equivale más a incrementar gastos administrativos -y algún disgusto- que a justificarlos con una fuente de recursos, donde las sociedades puedan acceder al capital del ahorro público donde financiarse.
En este mismo ejercicio excepcional en subas de cotizaciones, la base de negocios prosigue estancada. Y nuestra Bolsa tiene, casi desde siempre, gobiernos que se suceden y la miran despectivamente, sin considerarlo un instrumento al que se debe incentivar y ayudar a crecer. Aparte de esto, es probable que otras razones colaboren para decidir a una compañía a retirarse de la oferta pública. Una, la gran desventaja de tener que mostrar sus números -con pelos y señales- de manera permanente, cuando la competencia los escatima celosamente, al no participar del sistema. Sea como fuere: siempre retrocedemos.


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