21 de octubre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras los mercados contemplan las largas reuniones de personalidades -como los ministros europeos de Finanzas- y los nuevos golpes que debe soportar el desgastado reino del dólar, prosiguen «jugando en el bosque, mientras el lobo no está». De fuertes regulaciones, de penalidades prometidas, de otro marco que mantenga las apetencias desmedidas de los que utilizan al capitalismo para esquilmar a las personas: nada se sabe. Ni tampoco de reuniones en serio y definitorias para dar respuestas, rápidas y concretas, a la problemática que dejó en claro la crisis desatada y todavía actuante. Si algo puede quedar en la más estricta síntesis, para dar origen al gran cimbronazo que sacudió al mundo es de los desvíos cometidos, desde la acción y el control de instrumentos aptos en su espíritu, pero canallescamente mal utilizados, por los que tomaron a las finanzas como un garito de Las Vegas. Y cuando la maquinaria saltó por los aires, le dejaron a los gobiernos desesperados la tarea de tapar los cráteres de las economías. Lo cual hicieron, con la única idea de salvar a justos y pecadores, abrir las compuestas y que fluyera todo el capital necesario en tren de «salvatajes».

Llegados a un punto, lograda cierta meseta aparecieron las consecuencias -que nunca pueden evitarse- y comenzaron a minar la salud de la moneda de reserva, el emblema internacional. Oportunidad que se la pintaron ideal a los mercados de bienes tangibles, incentivados -además- por tasas de interés de niveles inexistentes. Y entonces retornó el Dow Jones a su altura de «10.000» puntos, gozaron intensamente los índices de mercados menores, los commodities tensaron la cuerda. Y todo ello, forjando un conjunto que no tiene que ver con la pura realidad de las economías. Las que, día a día se ven más testimonios, ni por asomo dan la sensación de haber dejado la crisis atrás.

Ya surgieron distintas posturas en la Reserva Federal, sobre lo adecuado de seguir liberando dinero barato -y como barato, malo- que corra al dinero bueno. Los ministros financieros europeos discutiendo acerca de la «corrida contra el dólar».

De lo que es factible inferir que no porque los indicadores de mercados lleguen a lucir aquellos números de antes de la crisis el contexto volverá a quedar zurcido y recobrando su antigua fisonomía. Como nunca, mercados y economía corren separados: hasta que vuelvan a juntarse.

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