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Cupones bursátiles
En economía, como en cualquier otro ámbito de la vida, se puede poner en práctica cualquier régimen, teniendo el poder suficiente. Lo que no se podrá nunca es evitar las consecuencias, que el método aplicado pudiere originar y las secuelas que puedan fijarse. En Brasil esto se irá viendo no solamente en un inicio, sino en el correr del tiempo.
Pero, las razones que llevan a Brasil a aplicar el gravamen no son las mismas que en nuestro medio. Ni la posición de privilegio que tiene el vecino, en el ránking actual de las economías, es -ni por asomo- cercano a nuestro tan alicaído nivel de puntuación. Ellos, país «grado de inversión», nosotros «mercado fronterizo». Un extremo y el otro. Ellos, que ahora procuran detener el ingreso de divisas que cada vez fortalece más al «real» y lo puede sacar de competitividad para sus exportaciones.
Nosotros, no se sabe muy bien la razón: si por un simple afán recaudatorio alternativo, o si se calza con la cuestión del sistema bancario al que se le quiere aplicar «dirigismo» puro, para favorecer a ciertos sectores. Irrigándoles créditos y pasando por alto la obligación de las entidades en cuidar su cartera para no perder solvencia, o atosigarse de futuros fallidos o morosos.
Es distinto el escenario donde se aplique una fórmula que podría resultar similar. Pero, los brasileños no dudan de que si aparecen ciertos sacudimientos en el mercado -como el bursátil- podrán regenerar la epidermis: porque resultan sumamente apetecidos. En la Argentina ya no se puede seguir sumando vallas y falta de respeto a las normas, ni se puede aventurar a espantar el escaso capital que viene hacia nuestras tierras (y a pesar de todo).
Políticamente, es muy posible que lo hecho por Lula y jugando de punta de lanza con la medida, otorgue a nuestros mentores de proyectos financieros un techo mucho más amplio, para afrontar críticas o efectos.
Será repetida y remanida la frase: «Esto es lo que Lula aplicó en Brasil...» (dando por sentado que si lo hizo otro, ya tiene sello de bueno). Pero, allá hay un jardín. Y aquí hay un pantano. Cuidado.


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