16 de noviembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Le dijimos al lector en columna anterior que la salida súbita de otro titular de la Comisión Nacional de Valores no nos resultaba trascendente. Porque los que vienen ocupando el sillón del organismo han hecho su propia intrascendencia en la actuación: que resulte lo mismo que uno puesto allí se llame «Juan» o el siguiente sea «Pedro». Y en verdad que dentro del propio ambiente resultó una novedad de un día, quedando la simple anécdota. Si había sido otro trofeo de caza de Guillermo Moreno o si Eduardo Hecker se había ido solo. Pero... tuvo que aparecer nuestro muy locuaz ministro de Economía a colocar el tema en el candelero primero -»la renuncia se la pedí yo»- y en la caldera después, cuando el reportaje radial hizo que el necesario dique de contención verbal se viera desbordado. Y Amado Boudou se fue río abajo.

Esto nos devolvió al tema, como a las propias tapas de los diarios, cuando ya a nadie interesaba la partida de otro titular de una CNV que fue convertida en «mamarracho» (comparado con el espíritu original).

Según Boudou, una intervención más activa del minimizado organismo: se lo estaban pidiendo «desde la misma Bolsa de Valores» (lástima que aquí no tenemos tal tipo de entidad, sino una Bolsa de Comercio).

Se nos ocurre -opinión muy subjetiva, claro- que tanto Boudou como tantos ministros que han pasado no conocen y apenas sospechan qué es y para qué realmente sirve poseer un sistema bursátil (más allá de cotizar deuda pública desprestigiada) para la economía y las finanzas de un país. Y respecto de la CNV, por varias apreciaciones realizadas, tampoco tiene claro la razón por la cual fue creada y lo esencial que precisa el organismo para ser eficaz. Dijo el joven ministro que «la CNV tiene que fomentar el crecimiento del mercado de capitales...». No, lo que tiene que hacer es proteger al inversor minoritario, cumpliendo funciones de control sobre el sistema.

Y para ello, precisa sí o sí lo que le quitaron hace mucho: plena «autarquía», independencia de todo poder político. Y desde hace mucho también: actualización de sus normas, adecuándolas al negocio moderno y global.

Poniendo y sacando subalternos de Economía, indicándoles a quiénes deben perseguir o apuntar, se la hace cada vez más lamentable. Y a esto hay que tenerle miedo: puede que se desarme lo poco que queda del sistema bursátil. Alerta amarilla.

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