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Cupones Bursátiles
En solamente doce meses, sin tener ni por aproximación un terreno normalizado -y menos en nuestro virulento escenario interno- la Bolsa ha devuelto con una mano, lo que había quitado con la otra. Es hora apropiada para pregonarlo, difundirlo entre amistades, realizar una promoción «boca en boca» ya que, lamentablemente, no existe caja de resonancia mediática, para distinguir lo hecho por los títulos privados a lo largo del ejercicio. Teniendo que llevar a la rastra a los balances empresarios, especialmente en el primer semestre. Viendo algunas señales de recuperación en la segunda mitad, nada que emociones, los papeles empresarios han tomado energía: de su propia esencia.
De la eterna jugada a mirar el porvenir con optimismo (y hasta creer... en lo que no merece creerse).
Tal adelanto los hizo pasar de largo de lo que pueda juzgarse como una distancia prudencial, para esperar que
arriben las realidades y los argumentos que sostengan y apuntalen el esqueleto, hasta darle forma de edificación sólida. Para los últimos dos meses ya fue demasiado seguir escalando, hubo un reconocible «apunamiento» de las fuerzas de la demanda. Y solamente se pudo ir manteniendo la altura conseguida.
Hay carencias enormes, preocupantes, en especial de la anemia de volumen que no pudo ni siquiera estabilizarse en algún punto, sino que siguió desfalleciendo. Hay también esa lamentable distancia con la gente común, con el inversor de cantidades modestas, donde se supone una muralla que deja a los fieles bursátiles de un lado: y al grueso de la población, y potenciales inversores, del otro.
Y allí es donde se retroalimenta un sistema que debe ser el más popular y albergar a todo tipo de capital, pero que es cada vez más ermitaño. La Bolsa del 2009 hubiera dado de ganar a mucha gente, que está penando detrás de una tasa de renta finja negativa: pero, ni se han enterado...

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