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Pero, en la reflexión de Krugman, el economista ponía de ejemplo el período de la llamada «Gran Crisis» y tratando de demostrar que en 1937 se había cometido el error de abandonar la conducta laxa y que todo se había derrumbado. Cierto es, lo mencionamos otras veces, que el estallido de la Segunda Guerra y la puesta en marcha de la industria de armamentos resultó -en verdad- la salida definitiva de la crisis. (Obviamente, cayendo en un drama mucho mayor y como puede resultar ver a un mundo en guerra). A nosotros nos queda como símbolo principal de la reflexión del economista, que en aquella ocasión se tardó no menos de una década en poder suturar el desastre vivido.
Y resulta que hoy, donde se ha insistido -inclusive estúpidamente- en comparar a la crisis actual con aquella de 1930: la pretensión es dejar todo atrás, en apenas un par de años.
Demasiado rápido, demasiado furioso, demasiado conversado y demasiado publicitado. Si es verdad que en el 2010 la cuestión queda cerrada: pues que toda la dramatización por una enorme crisis («comparable a la de 1930») resulte un enorme fiasco. Y se habrá tratado solamente de una más, solucionable en un par de años. ¿Dónde quedarían las apelaciones vociferantes sobre «la muerte del capitalismo» y otras aseveraciones? Es un ejercicio que puede resultar engañoso con su principio, fuertemente estimulante, teniendo más adelante alguna zona de pantanos. De las que se tragan a la gente. Todo parece demasiado bueno (para ser cierto).


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