7 de enero 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Demasiado rápido -como furioso- salió el Merval a beber camino del ejercicio estrenado. Dos buenas subas consecutivas, aumento del ritmo de negocios, mientras los mercados que sirven de referencia deambulaban en la simple mediocridad. También demasiada dialéctica, buena parte de ella siendo retórica pura, rodea a la zona crítica del mundo. Y muchos están desesperados por hacer creer que la cuestión ya pasó. El martes, Ambito reproducía algunos considerandos de Paul Krugman -el más mediático de los economistas famosos- y el hombre advertía, acerca de que los gobernantes pudieran caer en el error de abandonar estímulos especiales para que la rueda siga funcionando. Esto, en relación a declaraciones de altos funcionarios de la Fed y que están enviando el mensaje de que los «esteroides» se van a ir racionando y que el cuerpo económico debe volver a funcionar por sí mismo.

Pero, en la reflexión de Krugman, el economista ponía de ejemplo el período de la llamada «Gran Crisis» y tratando de demostrar que en 1937 se había cometido el error de abandonar la conducta laxa y que todo se había derrumbado. Cierto es, lo mencionamos otras veces, que el estallido de la Segunda Guerra y la puesta en marcha de la industria de armamentos resultó -en verdad- la salida definitiva de la crisis. (Obviamente, cayendo en un drama mucho mayor y como puede resultar ver a un mundo en guerra). A nosotros nos queda como símbolo principal de la reflexión del economista, que en aquella ocasión se tardó no menos de una década en poder suturar el desastre vivido.

Y resulta que hoy, donde se ha insistido -inclusive estúpidamente- en comparar a la crisis actual con aquella de 1930: la pretensión es dejar todo atrás, en apenas un par de años.

Demasiado rápido, demasiado furioso, demasiado conversado y demasiado publicitado. Si es verdad que en el 2010 la cuestión queda cerrada: pues que toda la dramatización por una enorme crisis («comparable a la de 1930») resulte un enorme fiasco. Y se habrá tratado solamente de una más, solucionable en un par de años. ¿Dónde quedarían las apelaciones vociferantes sobre «la muerte del capitalismo» y otras aseveraciones? Es un ejercicio que puede resultar engañoso con su principio, fuertemente estimulante, teniendo más adelante alguna zona de pantanos. De las que se tragan a la gente. Todo parece demasiado bueno (para ser cierto).

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