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Cupones bursátiles
Desde aquí le enviamos saludos al locuaz Ángel Mata, un director de operaciones de firma de Baltimore.
Y don Ángel deslizó: «Las ganancias han sido fuertes. Y la gente está comenzando a creer que la recuperación que estamos viendo en la economía es real».
Pero no se quedó con párrafos tan medidos y llegó mucho más lejos: «Hay temores acerca de que los inversores se perderán la próxima suba como consecuencia de no estar involucrados y observando al mercado caer...».
Precioso don Mata, que se hace el distraído hablando a «gente» que se puso a 100 kilómetros del mercado bursátil, después que la correntada les llevó todos los ahorros. Y si juntan algo, será para seguir amortizando deudas.
Es tan inocultable su deseo de pescar incautos, para que su firma los llene de ventas, que casi debería ser declarado inimputable, por inhábil.
El bajo volumen de negocios con el que se ha visto reducido aquel mercado, aunque haya movimientos alcistas -como en 2009- es el testimonio de la enorme deserción de sus filas, básicamente desde el segmento del inversor individual o familiar. Pero hay que prepararse para que sigan surcando pantallas y medios gráficos una avanzada de esos cazadores de «carne fresca», bajo todo tipo de rótulos y peso específico.
En Grecia se dio cuenta de un atentado menor contra oficinas de JP Morgan -otra joyita-, pero esto huele a la clásica actitud de gobernantes que intentan cubrir su ineficiencia desviando la ira de la gente, ante situaciones como las que están viviendo, hacia un «blanco» determinado que los exima de culpas. Posiblemente, entre el Fondo Monetario Internacional y este tipo de entidades financieras presten su mayor utilidad en eso: en ser utilizados como telón visible para los políticos que generan las desgracias (y no quieren asumir las consecuencias).


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