29 de marzo 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Todavía no se percibe de manera franca que exista una corriente superior, que vaya en búsqueda de los activos accionarios. Utilizándolos de «reserva de valor», ante un proceso inflacionario que parece haber encontrado su propia aceleración. La clásica, la tantas veces sufrida en nuestro país. Aquella que es simple retroalimentación de las «expectativas racionales» y que se traduce en un incremento del ritmo de modificación de precios. Como lo dicho por el joven y temerario ministro de Economía -Amado Boudou- fue directamente desautorizado por el propio titular de la «CGT» no merece otra mención, que la de ver a un alto funcionario hacer el ridículo: adelante de su propia platea. Las estimaciones de todo origen y color establecen un nivel inflacionario de 2010 que, en principio, ha disparado alguna huida de la moneda hacia el consumo, de una gama de bienes durables.

Las acciones están aguardando su oportunidad, el «tironeo de demanda» que resulte preámbulo de una suba sustentada, además, en la simple «crisis de oferta». Cuando se formaliza el esquema de: «Más dinero que papel», la variable precios entra en ebullición.

Siempre recordando que no será por genuinos y elogiables motivos, sino por la necesidad de guarecer el capital, la levantada de marzo que se verificó en cotizaciones no ha tenido correlato en volúmenes.

Donde se pueden ver ciertas señales muy sugerentes, es en la estrategia de varios «grupos de control» que están tendiendo sus redes para capturar porcentuales de la minoría, que no repercutan en Bolsa.

Al lector joven le decimos que antes de aquel «boom» de 1976, la tendencia dio evidencias de compradores que iban llevando posiciones a lo largo de todo 1975 -con un mercado por el suelo- y proveniente de los «grupos de control». Hasta que el mercado se fue «sacando» de papeles y comenzó la fase del crecimiento, ya a la vista de todo el mundo.

Es una chance bien visible de que se produzca tal «acumulación» sigilosa de acciones, tratando de no irritar a las cotizaciones en demasía. (Como cuando el hábil pescador lucha con la presa en el agua, «recogiendo y aflojando...», hasta poder ganarla).

Por lo demás, no hay mucho para avalar un proceso genuino y ponderable, pero desde el punto de vista de la apuesta oportuna; se abre un escenario que podría fructificar, abonado por la inflación. Hasta que en cierto lapso, estalle.