- ámbito
- Edición Impresa
Cupones bursátiles
Una de las claves, y el origen de todo, se devela a partir de lo que se describe ahora: «Un operador no podía manipular a un propietario de vivienda. Las hipotecas no eran pedazos de papel con los que se podía operar, no eran bonos. Eran préstamos hechos por cajas de ahorro y allí se quedaban. Para que la hipoteca de una vivienda se convirtiera en bono, tenía que desperso-nalizarse. Como mínimo, una hipoteca debía juntarse con otras de diferentes propietarios. Los operadores e inversores confiarían en las estadísticas y comprarían acciones de un grupo de varios miles de préstamos para vivienda, realizados por alguna entidad de ahorro y préstamo. Según las leyes de la probabilidad, tan sólo una pequeña fracción quedaría sin pagar...».
(Y aquí hacemos un alto, para decir que la realidad vivida hace dos años desmintió a las certezas estadísticas y se generó una bola de nieve, que terminó por arrastrarlo todo). Y sigue Lewis atestiguando desde su libro: «Se podían emitir pedazos de papel, que dieran derecho al titular de un prorrateo del flujo de fondos del grupo, una porción asegurada del pastel. Podía haber millones de grupos, cada uno que poseía hipotecas determinadas, siendo cada uno homogéneo. Uno, por ejemplo, tendría hipotecas de menos de 110.000 dólares y pagaría un interés del doce por ciento...». (Continuará.)

