25 de junio 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Abriendo el segundo semestre, los mercados de riesgo siguen con «visibilidad reducida por neblinas». Parece un parte meteorológico, pero bien podría resultar una descripción apropiada frente a tantos temas de peso que permanecen flotando en el mundo... formando una neblina. El tan renombrado «smog» que cubra el techo de ciertas ciudades y casi no permiten ver el cielo.

Mientras subsisten las opiniones de las distintas escuelas, si se debe insistir con la política de ajustarles las clavijas a las administraciones que se escaparon de marco. O si se debe evitar el riesgo de una recesión, estimulando los países mayores con sus estímulos a los menores, el camino prosigue cubierto de contrariedades periódicas, matizadas con novedades que alientan a pensar en positivo.

Hace unos días nublados de cierto asombro que podría producir el repaso del primer semestre, respecto de los resultados que obtienen los índices bursátiles globales. Buena parte de ellos, bastante mejor que esa sensación «in abstracto» que se puede obtener sin consultar lo estadístico. Y por allí deriva una pequeña veta para el optimismo, hilvanando esto obtenido en muy malas condiciones de contexto económico mundial -donde pasó de todo en estos seis meses- el siguiente pensamiento diría que hay una buena energía potencial para la mejora, donde el terreno se haga más llano, menos escarpado. Si se pudo mantener sin desarreglos fatales el andar de los mercados, teniendo casi todo en contra. Algunas señales de que la situación no empeora y que se logra ingresar a cierta zona más normal, tendría que verse reflejado en algún raid interesante de los indicadores de los recintos.

Todo está en la incertidumbre, la neblina está presente y -por ahora- solamente el «trading» es el que ocupa casi el 100% de los negocios. También hay una espada pendiendo sobre los operadores, que se corporiza en la serie de proyectos que se agitan, para intentar lograr lo imposible: que los mercados se allanen, a la voluntad de los políticos y gobernantes de turno. En definitiva, es eso lo que late entrelíneas, asociado también a poseer un conjunto de «calificadoras» de papeles cotizantes: que se vean temerosas de dar malas notas a los países. Los ciudadanos han venido consumiendo la propaganda de que todo lo que sucede es por culpa del mercado. Alguna vez recordarán que todo salió a la luz, por el castigo que propinó el mercado.