6 de julio 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Los trimestrales cerrados hace unos días, en junio, los conoceremos en la primera quincena de agosto. Para los que son «memorias» -casi la mitad del total cierra generales en junio- habrá que esperar cierto tiempo más. Si los empresarios debieran mover sus estrategias y sacar conclusiones de los números de sus balances, en iguales términos, todos estarían fundidos. Es obvio que esos balances se conocen mucho tiempo antes dentro de las sociedades y sin hay «filtraciones», que en un medio como el nuestro siempre las hay, seguramente que se producen «ventajas de juego» en desmedro de los accionistas de la minoría, que beben el agua turbia. Tantas veces apuntamos a esto, y tantas otras volvemos sobre lo mismo. Ya ni recordamos las primeras veces que lo expusimos, mucho menos quiénes eran los titulares de la Comisión de Valores (para colmo, se han sucedido cada vez con mayor frecuencia; lejos de los «siete años» autárquicos que les correspondían, de acuerdo con la ley fundacional). Tanto tiempo ha corrido, y tanto ha evolucionado lo informático y tecnológico, mientras los plazos siguieron imperturbables. Hoy, esto ya luce como un grotesco imposible de sustentar en excusas de tipo administrativo que se usaban en otros tiempos. Así que ante el cierre del trimestre, solamente el accionista común puede tratar de adivinar cómo le habrá ido a la empresa de la cual posee acciones. Leer los informes sobre la evolución industrial en estos meses -siempre atrasadas también-, deducir, de acuerdo con cómo están funcionando los sectores de tal empresa, cualquier señal que se pueda capturar de modo fortuito.

Quien puede corregir esos plazos de presentación de los estados contables a la luz pública, es un ente: Comisión Nacional de Valores. Que tanto parece esforzarse en generar sumarios y armar investigaciones sobre ciertas sociedades; acaso se ha olvidado de reparar en un tema como el expuesto, o lo considera de tono menor. Cierto es que como los accionistas -los que sufren tal demora- nunca han ejercido una presión debida y sostenida sobre esto, por lo que cada vez que volvemos a este tema desde una simple columna, sentimos estar predicando por algún asunto exótico, irrelevante.

Está claro que al que sólo apuesta al día por día no le preocupa en demasía, pero para la formación y los recambios de carteras debe resultar un elemento básico. (O bien, planteamos una tontería.)