8 de julio 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

De repente reapareció George Soros, en medio de Berlín y para cargar contra la política alemana.

En las notas que hicieron referencia a sus declaraciones se hizo hincapié en que el hombre «está sordo» (cuestión que habría que chequear porque es capaz de «hacerse el sordo», si es que le resulta una estratagema conveniente). Anotado en la legión de los que piden incentivar el gasto antes de proceder a los ajustes, por allí algún complejo de culpa lo rondaba como para expresar que «venir a Alemania a predicar siendo un manager de hedge funds me coloca en una posición difícil...». Ciertamente, George.

Pero de inmediato no tuvo reparos en pedir que se grave a los bancos «porque el sistema financiero es quien ha provocado las pérdidas...». A partir de tal pedido no ahorró frases para criticar de manera agresiva las medidas tomadas por Alemania. Con lo cual su aparente timidez por ser cara visible de los que se cataloga como «buitres» -como el tipo de fondos que maneja- quedó a un costado. Y total, como se anunció que «está sordo», toda reacción ante sus dichos rebotaba como contra una tapia. Solamente aumentó la confusión, cuando siguen coexistiendo ponencias tan distintas en cuanto a la estrategia que deberá implementarse para volver a encauzar el tren mundial en los rieles.

Lo que percibió en la rueda del martes, sin malas noticias puntuales, es que julio insinuó la primera reacción acentuada en los índices bursátiles globales. Después de tomar altura apareció uno de los tantos miles de indicadores de los Estados Unidos para traer veloces golpes de ventas en el Dow y algunos otros, quedando partido el rebote. Entre fuertes ganadores, como los europeos, y quienes permanecieron en la modestia. Pero el ataque alcista existió y a no ser por una nueva piedra en el camino el martes aparentaba para ser de festejo en todas las Bolsas. Quede dicho: la primera señal de querer salir de la defensiva y procurar ganar cierto terreno en subida.

Intención que bien puede tomar más cuerpo en lo inmediato, aunque persistan esas dos posiciones enfrentadas para dar remedio a la crisis: si más gasto y consumo, a emprolijar déficits y realizar recortes austeros.

Una suerte de competencia tácita, zona de experimentación en la historia económica del mundo y como nunca antes, porque aquí se pusieron a prueba dos recetas, dos modelos, dos tratamientos opuestos. El futuro dirá cuál sirvió más.