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Cupones bursátiles
Posibilidad de volver a analizar estímulos -esteroides, como bien lo describía un economista- en la economía del Norte, en boca de Bernanke, seguramente que encendió nuevas luces en amarillo. Si alguien analiza estar en la posibilidad de aumentar la dosis de un supuesto medicamenteo es porque el paciente ya no responde en la medida que debiera. Tan sencillo como eso. Es en tal punto donde actúan de lleno las queridas expectativas racionales, para producir un escudo defensivo ante una sombra que se menea. O también, recordando la exquisita figura de cuando se mueve el pasto y aparece un león en posición de ataque. Después, aunque solamente la brisa mueva el pasto, la reacción inmediata tiende a ser la misma.
En Europa tampoco nada luce claro, por más que en veloz secuencia se demuestra que países seriamente cuestionados -y cuestionables- aparezcan colocando papeles de deuda. ¿Quién y quiénes resultan tan audaces para tomar títulos de Grecia, o aun de Portugal? Más allá de los benefactores -después llamados fondos buitre- da para pensar en arcas del mercado común, oficiando de salvadores de última instancia. Fuera de tan estrecho grupo, es posible afirmar que ninguna cartera se iría a cargar con bonos que están más cerca del arpa que de la guitarra.
Y así como todo subió un martes, y de repente todo se amesetó un miércoles, en nuestro medio donde los debates que están sobre la mesa no tienen que ver con nada que altera un ritmo bursátil -tipo de matrimonio, o prosecución de Maradona- también el índice Merval se debió allanar a los mandatos que arribaban de operadores externos.
No trae julio, por más que en tramos cortos pueda producir ciertas reacciones, ninguna tranquilidad en el escenario que ayude a descifrar una tendencia de mediano plazo. No agregamos el largo plazo, porque esto queda sólo para los profetas. Todo el vuelo, todo el vuelo. Como la niña y la mariposa (bellísima poesía de Campoamor).

