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Cupones bursátiles
Al menos, un tanto más directo que su colega de la Fed, el hombre también colocó pesas, en ambos platillos de la balanza. Por una parte, asegurando que «no habrá más recesión». Completando la frase con: «La economía crecerá poco a poco...». Y en otra de sus expresiones, informar que «hay señales alentadoras».
Para concluir la estimación con: «Pero queda un largo camino...». Tan bien diseñadas las piezas, que pueden mezclarse términos de las dos frases y construir un par más, sin que se pierda sustancia.
Después de la voz oficial, aparece lo otro: cuando el periodismo mismo o la industria del análisis y los pronósticos otorgan el valor y calibre que merecen ciertas expresiones. Solamente de algunas escasas declaraciones, no definidas ni contundentes, se generan páginas enteras sobre qué se quiso decir. O qué información no se dijo, pero parece estar flotando entrelíneas. Y así, tomando los dichos por la cabeza -o por la cola-, es posible trazar un panorama, o el otro. Por caso, que la economía de Estados Unidos viene a paso muy lento. Y que faltará mucho para poder verla retornar a ritmos normales. (Lo que no luce para nada estimulante, a oídos de operadores e inversores.)
Pero también está la otra cara de la versión. Y deducir que lo dicho por el funcionario aleja de modo definitivo el riesgo de la recesión, habiendo ya ciertas señales de buen tono, que lo avalan. En tal situación, es como para que los necesitados hacedores de mercados aumenten su ritmo de demanda y den más solidez a los cambios de precios y aumentos de índices.
Nada suena a seguro, ni definitivo, toda la dialéctica está montada a gusto de cada consumidor y los que aparecen se cuidan muy bien las espaldas, por si alguno -después- los acusa de haber dado una visión errónea. Habrá que esperar por más claridad, antes de irse de cabeza.

