9 de agosto 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Hay que reconocer la innata habilidad que poseen los operadores de Bolsa -de cualquier parte del mundo- para seguir armando negocios sin que exista un mercado con las condiciones requeridas.

La pasada semana resultó otro ejemplo de ello. Y así como velozmente se borran las imágenes de una rueda en pos de la siguiente, echar la vista atrás hacia el desempeño del lunes llama al asombro y la admiración. ¿De dónde se pudo organizar una rueda tan inexcusablemente contundente?

Sin que existieran más razones que las inexistentes en el fin de semana. Y proviniendo de un final de julio sumamente pálido. La rueda que fue cuerpo y alma de un saldo semanal dando bien favorable, cuando se tuvieron que arrastrar las cuatro fechas siguientes a puro trabajo y «muñeca».

Pero se hizo. Y lo que todos recogieron y llevaron al nuevo fin de semana en sus retinas no tenía que ver en absoluto con aquello que cantaron las simples diferencias de la estadística. Una sola rueda haciendo el papel de toda una semana, allá y aquí, consiguiendo después aguantar el resultado y ensayar las respuestas protectoras eficientes. Bellísimo. Quedará en el pasar del año como una simple y desechable semana más: nosotros -quizá en soledad- nos guardamos ese pequeño trayecto, como la esencia de un trabajar los mercados con el arte operativo y hacer creer a muchos observadores que la tendencia luce radiante y favorable. Si tal logro no merece un sencillo homenaje, de una humilde columna en el mercado de fin del mundo, no sabemos qué tipo de hazaña lo merezca...

Un material sumamente útil podría ser el que se escriba sobre la fórmula «De una rueda haga cinco» (y los pormenores para ir llevando la expectativa dando argumentos nimios, tomados de cualquier almacén de «motivos generales», hasta poder llegar a la clausura de un viernes).

Justamente hoy arranca un nuevo viaje corto y se tendrá que ver qué tipo de propuesta estará sobre el «gran tablero» bursátil. Siempre cabe el cambio de estrategia, como para que la idea no sea advertida por todos, variando el dibujo y procurando hacer la diferencia de antemano. Son estos los pequeños suspensos que proporciona la actividad, tanto como para mantener la llama viva. Hágase de cualquier modo, lo cierto es que la falta de estímulos corpulentos y seguros, es lo que avala el uso de «esteroides».