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Cupones bursátiles
El «señor Mercado» los reúne a todos en su torno, donde exista un bien transable, con los participantes buscando la más alta renta posible (aunque muchos de ellos se dediquen a vociferar en su contra).
Son las instancias que, ante causas especiales como las de ahora con una mercadería, ponen en evidencia y sin hipocresías aquello que un mercado bursátil lo muestra a diario y de modo muy natural. En todas las ruedas hay ganadores y perdedores, en el muy corto plazo los beneficios de unos son las pérdidas de otros. Y la gran mayoría participa, y asume, que las reglas son ésas. Después, siempre existe un mínimo de los que no resisten pagar por el error de cálculo y arrojan culpas sobre terceros, o sobre el mercado mismo.
Hoy tenemos un mercado bursátil global que, por fuerza de las circunstancias, se nutre de operaciones preparadas para el trayecto muy corto. Y mucho más en manos de profesionales, y de grandes carteras, que de la legión popular que radicaba dinero pensando en una evolución de mediano y largo alcance. Todo un minucioso entramado, que lleva décadas poder entretejer, y que se ha visto derrumbado en dos años de crisis económica.
No existe el necesario intercambio de las distintas capas de participantes, sino que se advierte un permanente entrar y salir y al conjuro de moti-vaciones de todo calibre. La irregularidad y los saltos que presenta el camino de la tendencia resultan una pesada factura que están pagando los mercados bursátiles y todavía no se observa que el panorama pueda variar a corto plazo. Aunque el sistema seguirá vigente. Igual.

