17 de septiembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Leemos que ante la nueva inundación de dólares promovida por la Reserva Federal, se volvió a recalentar el curso del oro -alcanzando nueva cima histórica- y, además, que ha partido un flujo de fondos hacia papeles accionarios de mercados emergentes. Justamente cuando aparece tal descripción del flujo de capitales que están buscando nuevos puertos, para quitarse de encima el «dinero malo», vemos que se produjo un inesperado apagón de negocios en el recinto local.

Recordando que en agosto se había pasado de velocidad, escalando a un promedio por rueda de 64 millones de pesos (más allá del show de los «bancos»), en estas ruedas de setiembre hemos tocado pisos de no más de 20 millones de pesos. Y con alguna expansión que ni alcanzó los 40 millones de pesos. O bien tal corriente detectada estuvo durante un tramo y después tomó hacia otros mercados de la región. O es que ciertas «delicias» que entraron al escenario han tenido la aptitud para sacar corriendo a los interesados, antes que atraerlos.

Esa vieja costumbre nacional -no importa el color del Gobierno- de dejarlo la mesa tendida a los vecinos, cuando en el mundo llueve sopa y aquí damos vuelta el plato. De puros originales que somos...

Tener encima el proyecto, acerca de que las empresas participan de sus ganancias a sus asalariados, casi parecía un simple comentario.

Una suerte de amenaza dialéctica a las sociedades. Pero verlo puesto de cuerpo presente para su tratamiento en serio excede toda imaginación posible. Aun cuando ya venían existiendo ciertos atropellos, esto estaba lejos de toda previsión que pudiera hacer, hasta el más pesimista de los directivos empresarios.

Y el anuncio rodeado de apostillas humorísticas (como decir que se queden tranqui-los, que no pretenden imponer el 50 por ciento de reparto obligatorio).

Quien tenga en la lista hacer un tipo de colocación en el mercado local, seguramente tendrá que ser poseedor de un entusiasmo exuberante. De lo contrario, el efecto más lógico es esperar a que el movimiento se adelgace en la entrada.

Y si el asunto prospera, respecto del proyecto, una segunda fase, que debería ser de salida. Y encaminarse a puertos menos hostiles, no de los que tengan una línea de «cañones» en la costa, para ahuyentar a los visitantes interesados. Es de no creer...